La nueva ola checoslovaca: la madre de todas las olas

Siempre que hablamos de las nuevas corrientes cinematográficas que tuvieron lugar en la década de los 70, rompiendo con la manera tradicional de contar historias en la gran pantalla, acabamos refiriéndonos a l francesa creada por los miembros de la revista Cahiers du Cinéma, al Cinema Novo brasileño y también al Free Cinema británico que ponía sobre la mesa los problemas sociales y la vida cotidiana en cualquier barrio obrero de la época.

Pese a la importancia de dichos movimientos artísticos en el posterior cine europeo, no creo que haya habido un universo cinéfilo tan particular, fascinante, diverso y maravilloso como el producido en Checoslovaquia a comienzos de los años 60 y que continuaría en los 70, cuando todos los realizadores del país centroeuropeo ya empezaban a sentir la falta de ayudas para llevar a cabo sus cintas, siendo Jiri Menzel, del que hablaremos más adelante, el que tuvo una carrera más dilatada a lo largo del tiempo.

Lo que a uno le sorprende cuando se adentra en la nueva ola checoslovaca (Nová Vlna) es la cantidad de buenos y dotados directores que surgieron al mismo tiempo en un país cuya tradición en el mundo del séptimo arte era escasa, por no decir prácticamente inexistente. Pese a no haber una unidad clara o nexo común entre todas las obras, sí que es cierto que se desarrollan temas comunes, como el pasado traumático de la II Mundial, una sociedad más abierta y con más derechos durante la Primavera de Praga, el duro mundo de la infancia y la adolescencia en el ambiente rural checo, las problemáticas relaciones de pareja y la perversa y malsana influencia de la religión y la Iglesia en la sociedad checoslovaca de la Edad Media, algo en lo que haría hincapié con gran éxito el director más virtuoso de todos, el inigualable Frantisek Vlácil.

Podríamos pasar horas escribiendo sobre las películas más destacadas, así que para hacer más amena esta introducción escogeremos aquellos integrantes imprescindibles con sus características principales y detalles de sus obras:

STEFAN UHER

Suya es la considerada como primera película de la nueva ola checoslovaca, la rupturista y novedosa El sol en la red, que narra los enfrentamientos y reconciliaciones de una pareja de adolescente durante un verano caluroso, creándose historias paralelas alrededor de ambos. Estamos en 1962 y ya aparecen mujeres en bikini, mientras los fenómenos atmosféricos funcionan como metáfora de los estados de ánimo de sus protagonistas.

Nueva ola checoslovaca: “El sol en la red”
Pareja adolescente en El sol en la red

JIRI MENZEL

Quizás sea el realizador más prolífico de la generación, que incluso en el siglo presente nos dejó una notable dramática Yo serví al rey de Inglaterra, en la que adapta la novela de Hrabal, contando las odiseas de un joven camarero que intenta escalar poco a poco en la escala social con una visión satírica y burlesca, rasgo habitual suyo en el resto de sus trabajos, normalmente sin hacer apología ideológica de ningún tipo, con unos personajes estrafalarios atrapados por contextos históricos y sociales que son más grandes que ellos. En Trenes rigurosamente vigilados o Alondras en el alambre realiza un retrato cómico, sutil y divertido de sus protagonistas, siempre dándole especial importancia al contexto histórico en el que se produce la acción. La primera mencionada es probablemente la cinta que más éxito ha tenido con el paso de los años, funcionando como documento fílmico imprescindible de la sociedad centroeuropea de la primera mitad del siglo XX. En la segunda observamos la vida diaria de unos obreros de una fábrica de almacenaje de objetos usados, siendo probablemente el filme más explosivo del director, riéndose del absurdo de ciertos regímenes políticos autoritarios, con correctos toques de humor negro.

Nueva ola checoslovaca: “Trenes rigurosamente vigilados”
El romance también tiene cabida en la Nueva ola checoslovaca. Imagen de Trenes rigurosamente vigilados. DISPONIBLE EN FILMIN

FRANTISEK VLÁCIL

Indiscutiblemente el realizador más dotado de todos los que iremos mencionando y probablemente el cineasta más injustamente olvidado del imaginario colectivo del cine europeo. Se trata de un director excelente, con un universo fílmico trascendente, mágico e hipnótico, que hizo mucho énfasis en la importancia desmedida de la religión en el pasado de su país, planteando el eterno dilema de cómo las creencias corrompen a toda la sociedad.

Este tema aparece en la fantástica y accesible (para ser Vlácil, claro está) La trampa del diablo, donde un párroco duro, inquisitivo y perspicaz llega a una zona rural inhóspita en la que un molinero tiene el don de encontrar agua en el subsuelo. Ambos hombres muestran el enfrentamiento entre la fe y la razón, acusando el primero al segundo de poner en práctica actitudes que provienen del diablo. Todo este cóctel forma un retrato donde conviven sabiduría popular, una bonita de historia de amor y unas secuencias oníricas e impactantes.

Cartel de “La trampa del diablo”
Cartel de La trampa del diablo

En El valle las abejas vuelve a hacer gala de sus habilidades, llevando todavía más lejos su universo creativo, elevándolo a niveles cercanos a Bergman y Tarkovsky, en el que un miembro de una orden religiosa se debate entre la existencia o no de Dios, con una que aporta un tono todavía más ambiguo e inquietante al transcurso del filme. Marketa Lazarova, elegida la película más importante de la cinematografía checa, se sitúa también la Edad Media, aunque sin embargo es Adelheid, última obra maestra de Vlácil, la cinta más redonda del realizador para un servidor, narrando una de las historias de amor más dolorosas que se puedan ver, con un teniente checoslovaco que tras la II Mundial se apropia de unas tierras de un destacado general nazi. Él, Viktor, vive preso de un vacío y hastío existencial, víctima de un pasado traumático que desconocemos, iniciando una relación sexual y tormentosa con la hija del líder nazi, que como convicta de guerra realiza tareas domésticas en el palacete que antiguamente fue su residencia. El estado ruinoso de la mansión ejerce como metáfora de dos vidas a la deriva tras el conflicto bélico. Un tipo de cine consigue ser brutal insinuando y no mostrando explícitamente las cosas y en el que los silencios pueden tener significados más claros que las palabras.

Dúo protagonista en “Adelheid”
Dúo protagonista en Adelheid

JURAJ HERZ

Dirigió, entre otras, mi segunda película favorita de la Nueva Ola Checoslovaca, la colorida Morgiana, que muestra el carácter psicópata de su protagonista, una mujer aristócrata que se reparte la herencia de su padre recientemente con su hermana menor, a la que maltrata constantemente a nivel psicológico. El nombre del filme hace referencia al gato de Vicky, ya que a través de sus ojos observamos los planes y actos malévolos de la hermana mayor. El gran interés de la película deriva de su impresionante, perversa y enrarecida atmósfera, mezclando visiones y ensoñaciones de ambas familiares que generan inquietud e incomodidad en el espectador.

Conociendo la anterior película no sorprende su fabulosa El incinerador de cadáveres, en la que vuelve a la carga con un personaje maquiavélico que absorbe todo y naturaliza hasta extremos insospechados su profesión. La cinta es retrato perfecto de la psicopatía, empleando los primeros planos para mostrarla de la manera más fiel posible.

KAREL KACHYNA

Carruaje a Viena. Una de las películas más perfectas que he visto. Tenemos a una mujer fuerte, que se debate entre tomar o no la justicia por su mano para vengar el asesinato de su marido a manos de soldados nazis, conduciendo en su carro a dos prófugos reclutas alemanes, que al ver la debacle de su ejército no les queda otra que pasar a lado austriaco para evitar el encarcelamiento. La acción transcurre en un único escenario, un inmenso bosque con árboles a ambos lados del camino, mostrando los horrores de la y cómo finalmente casi todos son víctimas de la misma. Un interrogante flota en el aire al final del visionado. ¿Vale la pena la venganza?

Nueva ola checoslovaca: “Carruaje a Viena”
El joven soldado amenaza a la conductora del carruaje en Carruaje a Viena

Suya también es La oreja, también opresiva y minimalista en cuanto a escenarios, en la que un dirigente del Partido Comunista es perseguido por miembros superiores, viviendo una pesadilla encerrado en casa junto a su pareja. La muerte de los ciervos hermosos, filme prácticamente desconocido en nuestro país, constituye un ejercicio cinematográfico de gran calidad, presentándonos a un hombre de familia rural, aficionado a la pesca, que tiene éxito vendiendo aspiradoras en los años anteriores a la ocupación del III Reich en Checoslovaquia, en lo que resulta el trabajo donde más dosis de humor encontramos en su filmografía. Como demostraría en Larga vida a la República, Kachyna fue un realizador muy interesado por la realidad de su país en los tiempos de la invasión alemana, aleccionando sobre cómo la se lleva todo por delante.

VERA CHYTILOVÁ

La Agnès Varda de la nueva ola checoslovaca, la cineasta rebelde, la menos conformista, y la que revolucionó el panorama fílmico de su país con la rupturista y feminista Las margaritas, con dos personajes femeninos que viven la vida sin apuros y aprovechándose de hombres maduros y poco inteligentes, cuyo principal interés radica en sus fotogramas con variadas y originales paletas cromáticas.

Nueva ola checoslovaca: "Las margaritas"
Las margaritas

MILOS FORMAN

Aclamado por su conocidísima Alguien voló sobre el nido del cuco protagonizada por Jack Nicholson, su etapa más interesante como cineasta se cimentaría en su patria natal, destacando Los amores de una rubia, que quizás contenga una de las escenas más recordadas del movimiento, con la secuencia del baile entre unas chicas de clase obrera y unos soldados veteranos con escasa habilidad en el arte de ligar, conformando la escena central del filme con una pasmosa sencillez y naturalidad.

JAN NEMEC

El mejor documental de la Nueva Ola Checoslovaca lleva su firma. Oratorio for Prahe, espléndido cortometraje, funciona como documento histórico de inmenso valor histórico por la valentía de su director para rodar imágenes jugándose la vida en la labor. De carácter totalmente documental, la cinta muestra la democratización de las libertades checoslovacas momentos antes de que las tropas soviéticas irrumpan en la capital del país centroeuropeo.

Nueva ola checoslovaca: “Oratorio for Prague”
Tanques en la calle en Oratorio for Prague

Su ópera prima, Diamantes de la noche presenta una unos escenarios similares a Carruaje a Viena, siguiendo a través de largos travellings la huida de dos jóvenes durante la II GM, con una narrativa bastante y una cámara inquieta que sirve como metáfora para explicar el rumbo incierto de sus personajes centrales, que no podrán lograr su objetivo, perdiéndose en un gigantesco bosque (metáfora del nazismo, tan amplio y con tantas redes que resulta imposible escapar de él).

JAROMIL JIRES

El autor de la surrealista Valerie y su semana de las maravillas, interesante exploración del mundo onírico y fantástico de los adolescentes, dirigió en 1966 su mejor trabajo, El grito, que sigue los pasos de una pareja inestable, ella a punto de dar a luz y él recorriendo Praga arreglando televisores, alternando pasado y presente, siendo un gran ejemplo de las nuevas formas narrativas y comunicativas que se estaban consolidando en los años sesenta. Los planos resultan novedosos, mezclándose imágenes de archivo y voces en off que van entrando y saliendo de la película. Como citamos al comienzo, los directores de la Nueva ola checoslovaca siempre estuvieron interesados en plasmar las dudas existenciales que surgen en cualquier tipo de relación.

OTAKAR VÁVRA

Considerado el pionero absoluto de la cinematografía checa en general, Vávra construyó con Martillo para las brujas el retrato más contundente y certero acerca de las atrocidades cometidas por la Inquisición en siglos pasados, basándose en hechos reales para plasmar en la pantalla una historia sin compasión, en la que personas inocentes son torturadas hasta la muerte por hechos insignificantes, solo por el mero hecho de que al inquisidor de turno no le cayese en gracia. Imposible no acordarse de la maravilla Dies Irae del artista danés Dreyer.

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