La llorona, lágrimas de sangre

El género del moderno transita por dos caminos muy diferentes tanto en estilo como en discurso. El primero abusa de un diálogo inteligente y una técnica que exhibe sus mejores galas con planos inverosímiles y detalles no encuadrados que explican un guión bien hilado permitiéndose el lujo de esconder easter eggs e infinitas interpretaciones según como sea de avispado el espectador. La invitación, Déjame salir, La bruja o Hereditary juegan a esto y lo hacen muy bien con nuevas historias de cultos satánicos y posesiones demoniacas. 

La llorona

El segundo por el contrario permite todo tipo de concesiones, poderes y privilegios a efectos tan impresionantes e impresionables como jump scare de todo tipo y colores, con padres y madres de apellidos tan distintos como cambios bruscos de volumen o apariciones surprise que sobresaltan de igual manera aunque con diferente forma. A esta segunda liga pertenece este film titulado La llorona, de Michael Chaves, un director al que le gusta demasiado el horror. Este film, conectado con el universo de Expediente Warren y sus hermanas pequeñas, nos cuenta la leyenda de La llorona, aquí un relato transmitido de padres a hijos diferente al original mexicano con origen precolombino. Esta mujer del saco que se presenta vestida con traje blanco de boda, perdió a sus hijos hace algunos siglos y deambula por nuestro mundo raptando a los de otros para llevárselos a su tenebroso y oscuro mundo. Enfrentándose a ella está una trabajadora de servicios sociales que al quedarse viuda tiene que salir adelante y proteger a sus retoños sin ayuda de nadie ¡bueno si, con un curandero al que antes le gustaban las armas de fuego! Este personaje es el alivio cómico del largometraje, todos acuden a él en busca de consejo y una paz que no dura nunca más de cinco minutos.

Los tópicos salen al paso en esta producción que llora lágrimas de sangre allá por donde camina. Un paseo plagado de zancadillas o tirones de pelo con provocador invisible que dan forma a imágenes que han aterrorizado antes, perturban ahora e inquietarán en el algo, debilitadas por la repetición continua y generando por esto menor sorpresa. La noche puede hacerse muy larga y oscura, una casa puede convertirse en un bunker al que es difícil acceder cuando su protector, un religioso caído en desgracia que recuerda al indio de Poltergeist, despliega todo su arsenal de amuletos y trucos de mago barato de feria con denominación de origen. No hay televisión que se trague de un bocado a niñitas rubias, tampoco psicodélicos armarios ochenteros o payasos vivientes escondidos debajo de las camas pero si otros elementos que nos hacen girar la cabeza y recordar el film del ochenta y dos de Tobe Hooper. Aquí hay también piscinas que pueden convertirse en tumbas improvisadas o escenas en bañeras de un inmaculado blanco que sirven de aseo y como momento íntimo compartido entre madre e hija, rivalizando con propuestas fallidas recientes a las que colgaron la medallita de remake y resultaron ser un fiasco. 

La llorona

La Llorona acepta sin chistar su sino, su categoria y sus pretensiones lanzando durante una hora y media un vendaval de golpes que no solo abren ventanas o intentan derribar puertas. Mina la moral de unos protagonistas que agotados resisten como pueden los destinos difíciles que les esperan pero nunca cansa a los que desde fuera les observamos. Hace tiempo que México en está de moda y esta película parece confirmar tal afirmación. El aquí tiene una forma folcklórica que vende como en su día hizo la mujer de negro que asustaba a la Lambert o la monja que nunca dormía en el monasterio rumano de Carta, una mujer que llora por las esquinas, se agarra a tu brazo para no caerse y parece no tener puntos débiles definitivos. Cuando la veas corre como el rayo, nunca mires atrás y escóndete donde puedas, no estarás a salvo del todo pero al menos ¡habrás ganado tiempo! algo muy valioso en este tipo de films.

Anteriormente la Semana Santa era una fecha en donde se estrenaban películas de contenido religioso, ahora el ocupa su lugar ¡algo está cambiando y yo con estos pelos!

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