It, el pachacho achechino

Llega a nuestras pantallas —en realidad llegó el pasado viernes, pero en mis críticas y en esta página siempre prima el reposo y el análisis concienzudo antes que la pura actualidad— It, la nueva adaptación de la celebrada novela de Stephen King que hizo que los payasos nos dieran sólo ligeramente más grima de la que ya nos daban de por sí.

It

Quitemos la tirita rápido: It como película de terror es una puta chufla. Los sustos son baratos, previsibles a kilómetros y basados única y exclusivamente en subir el volumen. La única escena que llega a producir un poco de inquietud e impacto transcurre durante los primeros cinco minutos del film y luego jamás llega a replicar esa intensidad. Sí que se agradece cierta ausencia de miramientos a la hora de presentarnos casquería protagonizada por pequeñuelos, pero el director Andrés Muschietti parece más interesado en saturar al espectador con sustos de feria que en transmitir mal rollo de verdad.

Por si fuera poco, el abuso de efectos por ordenador tampoco ayuda demasiado a que el asunto nos dé canguelo. No sé si Muschietti se piensa que Pennywise es el monstruo de Mamá, pero a veces lo parece. Desconozco por completo quién fue el cretino que pensó que sería buena idea tirar de CGI en las cintas de este género, pero deberían colgarle de los cojones. Aún no me había recuperado de Alien: Covenant y me han tenido que joder aquí también.

Hablemos del nuevo Pennywise. El de Bill Skarsgård, por mucho que lo intente —y lo intenta—, no consigue acojonar ni la mitad que el interpretado por Tim Curry. Esto ya se veía venir, claro está. E insisto, no es una cuestión de empeño actoral, Bill Skarsgård hace un trabajo excelente y se nota que se lo ha pasado bien encarnando al PACHACHO, pero es que a Curry ni siquiera le hacía falta maquillaje para que el espectador se cagara encima.

It

Aunque It no funcione como peli de miedo al uso, sí que brilla en todo lo demás. Desde luego, no tiene precio como drama sobre lo jodida que puede llegar a ser la pubertad. El reparto está absolutamente perfecto, ese club de perdedores tiene un carisma y una química entre ellos que no se la aguanta. Para que os hagáis a la idea, es como una versión de Stranger Things bien hecha. Matizo, es como Stranger Things pero si no quisierais romperle un cenicero en la boca a todos y cada uno de los personajes. A destacar especialmente a una espectacular Sophia Lillis que ejerce de pegamento para este improbable grupo de inadaptados.

La gracia de It es descubrir cómo la chavalería lo pasa mil veces más chungo cuando no está el payaso acechándoles. Asumo que esto es un efecto buscado, pero no sé hasta qué punto los guionistas están disparándose en el pie haciendo esto. La vida cotidiana de los perdedores es tan horrenda (y mostrada con toda crudeza en pantalla) que cuando Pennywise entra en acción casi nos parece que por fin les están dando un respiro.

Y al final son las historias de cada uno las que te llegan, las que te conmueven, las que te duelen, con las que espero de todo corazón que no os sintáis tan identificados como me ha llegado a pasar a mí viéndola. Son ellos los que hacen que quiera ver la ya confirmada secuela para ver qué ha sido de sus vidas. Yo quería cagarme de miedo y no poder dormir por las noches, pero al final lo que me llevé son más lagrimones de los que me gustaría admitir en público y un tímpano reventado por culpa del volumen.

Nos veremos en el segundo capítulo.