Infierno blanco, el lobo para el hombre

Resulta curiosa la carrera de Joe Carnahan, director de esta Infierno blanco. Comenzó dando un pelotazo con Narc, cinta que narraba una historia policiaca cruda y seca ambientada en el mundo de una brigada de narcóticos. Esta película impresionó al mismísimo Tom Cruise que lo fichó para dirigir la tercera parte de Misión Imposible. Carnahan estuvo más de un año trabajando en la misma, dejando el proyecto un mes antes de empezar el rodaje por diferencias creativas con los productores, es decir, Cruise. Pero Carnahan sacó de la nada un divertimento que tenía guardado y sorprendió con la tarantinada Ases calientes. Y después otro parón de cinco años para desarrollar la historia del traficante Pablo Escobar en la que llegó a estar implicado Javier Bardem. A la vista de que no sacaba el proyecto adelante le encargaron hacerse con la adaptación de El Equipo A. La peli no estaba mal del todo pero fue un batacazo considerable.

Infierno blanco es la cuarta película de Carnahan y, probablemente, sea lo mejor que ha pretendido hacer en su vida. Basada en un relato corto de Ian Mackenzie Jeffers, nos cuenta la peripecia de un grupo de señores rudos a los que se les estrella el avión en la nieve y se ven rodeados de una manada de lobos. Lo liviano de la propuesta sirve para plantear una película que intenta balancearse entre el cine de aventuras y la metafísica del sentido de la vida. El problema es que no termina de cuajar el asunto del todo.

En primer lugar falla un poco el diseño de personajes. Para ser una película con una media docena de personajes la cosa queda muy deslucida. Falta chicha en el desarrollo de los mismos y sólo el carisma de Liam Neeson salva la función en ese aspecto. Es impresionante la madurez que está teniendo el irlandés y el buen acomodo que ha encontrado en un cine comercial al que parecía que no estaba destinado.

La parte aventurera al final es la que se impone y salva los muebles ya que la filosófica termina siendo muy de baratillo. Infierno blanco es de estas películas a las que les sobran minutos aquí y allí, termina enredándose en si misma y siendo ella su peor enemigo debido a unas elevadas pretensiones que terminan tornándose algo ridículas. Lo dicho, Carnahan se hunde en sus propias pretensiones y la película se convierte en un lobo para si misma.