Historia de un matrimonio, el ego en el cariño

El rol de musa, aunque sea desafortunado, al menos se tiene en cuenta dentro de la historia. La mujer del artista, en cambio, resulta mucho más sacrificado. Lee Krasner dejó su prometedora carrera de pintora a un lado para entregarse por completo a la de su marido, Jackson Pollock. Hoy día Krasner es considerada una de las pioneras del expresionismo abstracto, pero de poco consuelo le vale eso a un muerto. Nicole no quiere llegar a ese extremo. Historia de un matrimonio comienza con la pareja recordando qué les enamora el uno del otro, un toque dulce para una película amarga sobre una pareja que se odia y ama con la misma intensidad.

Historia de un matrimonio

Noah Baumbach es un autor ducho en la puesta en escena. Como Woody Allen, al que el neoyorkino venera, la escena teatral marca su modo de proceder. Desde Frances Ha, hemos podido ver que este es un director capaz de insuflar de significado a sus imágenes con la suficiente sutileza como para no entorpecer el trabajo de los actores, dejándoles espacio para que fluyan en el espacio al antojo de un conflicto que sumerge al espectador en un torbellino emocional. Es cuestión de ritmo y tempo, algo que Baumbach maneja con la precisión de un reloj. Historia de un matrimonio comienza con un humor incómodo para descender a los infiernos de sus personajes, tomando aire de vez en cuando con momentos entrañables que dan al respetable falsas esperanzas. A fin de cuentas y aunque el título confunda, esta no es una historia de un matrimonio sino la de un divorcio.

Si el cine me dio la impresión de que un divorcio es política, llegar a juicio sería un fracaso diplomático. Como la guerra, es un proceso agotador y costoso, sólo la ira es capaz de llevarte a esos extremos. Esa es la tesitura que Baumbach nos plantea para con sus personajes, una fina línea que separa el aprecio de las prioridades. Nicole está cansada de que las de Charlie se interpongan a las suyas. Ella quiere volver a Hollywood y mostrar de qué es capaz, él no está dispuesto a abandonar lo que ha logrado en Nueva York. Aquí está el conflicto, ahora le toca al autor escoger bando o mantenerse neutral. Lo segundo seguramente sea lo menos arriesgado, no está el percal como para lo primero. Aún así, Noah Baumbach decide mojarse, pero todavía no comprendo con qué intención. Pasar de la perspectiva de Nicole, con toda la razón de un santo, al narcisismo de Charlie nos pone en la incómoda situación de acompañar a un personaje con el que nos cuesta empatizar. Sería una posición interesante, convertir al antagonista en protagonista y esperar que el público consiga tener criterio, mas me cuesta creerme mi propia excusa cuando la película se esfuerza por hacernos empatizar con un personaje ególatra y condescendiente para con su propia miseria. Baumbach, pretendiendo emular lo que Manhattan logró en su día, ataca a Nicole y compadece a Charlie, que no logra comprender para evolucionar sino que cede para no salir peor de lo que está.

La conclusión es positiva, todo está bien si acaba bien. Me gustan las películas que consiguen hallar el punto intermedio entre la victoria y la derrota, y aunque tras la batalla llegue la calma, lo que hemos perdido por el camino nos afecta. Historia de un matrimonio es una magnífica obra sobre lo que estamos dispuestos a sacrificar por quien amamos, pero su balanza no halla equilibrio. La compasión que Noah Baumbach pretende inspirarnos hacia Charlie sólo consigue que miremos con malos ojos a la mujer del artista, que por una vez en su vida no está dispuesta a dejar que su nombre se pierda en el tiempo.

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