Godzilla: Rey de los monstruos, la gran batalla contra el sopor

Hollywood, lo estás haciendo mal. Otra vez. Una película como Godzilla: Rey de los monstruos, en la que Godzilla tiene que curtirse el lomo contra King Ghidorah entre otros mostrencos no puede permitirse el lujo de ser tan aburrida.

Godzilla: Rey de los monstruos

No soy el mayor defensor del Godzilla de Gareth Edwards, y digo esto como eufemismo de que me pareció un cagarro como un piano: si tienes un monstruo molón y quieres jugártela a la carta del espectáculo, lo que no puedes hacer es pasarte el 90% del metraje contándonos la historia de unos humanos más sosos que un pastel de aire comprimido.

Aquella cinta desaprovechaba al gran Bryan Cranston relegando todo el protagonismo a un Aaron Taylor-Johnson que perdió en carisma todo lo que ganó en músculo después de Kick-Ass. Aquí no se comete un error tan evidente y no desechan a los actores buenos a la primera de cambio, pero que les diesen algo interesante que hacer habría sido mucho pedir ya. 

Tras un potente inicio, el segundo acto de Godzilla: Rey de los monstruos es un troncho infumable que consiste única y exclusivamente en gente mirando pantallas. Para cuando llega la gran batalla final, el espectador ya ha perdido la suya contra el sopor. Nadie espera un guión de Aaron Sorkin en una peli de esta saga —aunque Shin Godzilla, desde luego, lo intentaba tener—, pero tampoco es de recibo que el libreto abuse constantemente del recurso de poner a dos personajes intercambiando información que conocen ambos sólo para que el espectador la reciba. Contad las veces en las que alguien dice algo como: «¿Por qué me cuentas esto? Si yo ya lo sé», intentando disimular vía gracieta la vagancia de sus guionistas.

No sé si os ha quedado claro ya que los humanos son terribles, pero os lo vuelvo a repetir por si acaso. Millie Bobby Brown parece que va a hacer algo interesante, pero al final no. Kyle Chandler se limita a poner cara de acelga revenida durante dos horas. Vera Farmiga es el personaje peor escrito que he visto recientemente en una pantalla de cine. Bradley Whitford desempeña la función de alivio cómico sin gracia alguna. Charles Dance es el villano en una peli que no necesita villano y que además tarda medio acto en desdibujarse por completo y carecer de interés. El único que da la talla es el pobre Ken Watanabe, a quien está claro que no pagan lo suficiente por dignificar blockbusters de mierda. Entre esto y Detective Pikachu, este hombre se ha ganado el cielo. Y todo el derecho de despedir a su agente, ya de paso.

Godzilla: Rey de los monstruos

Michael Dougherty se marca unos planos bellísimos a lo Zack Snyder cuando rodaba bonito, pero sin llegar al nivelazo de Jordan Vogt-Roberts en Kong: La isla calavera. Por desgracia, aunque las batallas entre monstruos sean divertidas, a veces pasa lo mismo que en la saga de Transformers y llega un punto en que no sabemos quién está zurrando a quién. Tampoco es que los bichos en sí mismos sean demasiado imponentes: los responsables del film han pasado por filtro CGI todo aquello que hace unas décadas eran señores disfrazados rompiendo maquetas. Quejarse a estas alturas de esto es una tontería, pero tampoco es menos cierto que el encanto de estas criaturas se ha perdido por completo.

Exceptuando a Mothra.

Hablemos de Mothra.

Mothra es la cosa más bonita que ha parido madre. Necesito un spin-off de ese bicho pero ya. Tened en cuenta que estamos hablando de una puta polilla gigante y que estas lineas las escribe alguien que detesta a las polillas con toda su alma. Así de bonica es Mothra como para que yo pase por alto mis fobias. Mothra es la Ken Watanabe de los mostrencos en CGI.

Godzilla: Rey de los monstruos

Pero un solo bicho no puede salvar una película tan tediosa de la quema y Godzilla: Rey de los monstruos es la decepcionante secuela de un film que ya de por sí tampoco era demasiado bueno. Por si fuera poco, Warner insiste en plagarlo de referencias hacia King Kong para que recordemos que esto es un universo compartido y sepamos que dentro de un año el lagarto y el monete se darán de hostias frente a la cámara de Adam Wingard. ¿Recordáis lo bien que le salió a Warner lo de forzarnos un universo compartido por la garganta la última vez? Pues eso.