Ghost Rider: Espíritu de Venganza, con el piloto automático

Los directores de Crank y Nicolas Cage haciendo una del motero fantasma. Todo hacía prever que podríamos estar ante una amplificación de la estupenda y divertida Drive Angry 3D. Neveldine y Taylor son unos macarras de cuidado y Cage no es que sea el tío más sensible del mundo. Por eso duele ver una cosita como este Ghost Rider: Espíritu de Venganza que se queda a medio camino de todo.

Es esta una de esas pelis que ves con el piloto automático del entretenimiento sin complejos: es lo que es y no se le pide más. En este sentido cumple. En ningún momento se hace aburrida ni pesada que por algo dura poco menos de hora y media. Pero es que parece un episodio largo de una serie de televisión que nunca se hizo. Distraida y poco más.

Lo que más fastidia es las tremendas posibilidades que ofrecía todo el escenario de demonios, ángeles caídos, damisela con hijo en apuros y unos clérigos de lo más trash que uno se pueda echar a la cara. Los elementos están ahí pero parece que no se han querido pasar ciertos límites no sea que alguien se ofenda. Por tanto ni estamos ante una macarrada a lo Furia Ciega ni ante un despropósito al estilo de Campo de Batalla: La Tierra.

Lo bueno es que Cage nos ofrece su amplio recital de muecas, gesticulaciones y mandíbulas desencajadas al que nos tiene acostumbrado. Y en eso sigue siendo el mejor. Pero no adelantemos acontecimientos porque Cage se merece un post para él solo.