Festival de San Sebastián 2021 (Sección Oficial): «Un segundo», «Earwig» y «Maixabel»

El Festival de San Sebastián siempre tiene algo especial. Es el final del verano, del circuito de festivales y, esta vez, tiene también un pequeño, ligero, esperanzador olor a fin de pandemia. Si el año pasado hasta nosotros nos saltamos la cita por miedo al Covid, este año está aquí todo el mundo. Literalmente: en estos momentos escribo esto sentado al lado de Boyero. Casi nada. Me ha mirado y me ha dicho que me pone un suspenso y que ojalá fuera más como el cine clásico. No esperaba menos.

El problema de hacer un festival de cine importante en la que sin duda es la ciudad más bonita de España es que muchas veces te planteas si realmente lo que estás viendo es mejor que la playa de La Concha atardeciendo. En el caso de obras como La croisade o Lost in summer les sale a devolver unos cuantos rayos de atardecer, pero merece la pena acercarse a ver la oda de amor cinéfilo de Un segundo, lo último de Yimou, y Earwig, un desasosegante, extraño y (sobre todo) oscuro inicio de la sección oficial a concurso. Bienvenidos al día uno del Zinemaldi, el lugar donde alimentarse de helados y pintxos siempre es una opción.. 

Un segundo (Zhang Yimou) ⭐️⭐️⭐️⭐️

El Zinemaldi tiene una extrañísima tradición: encontrar una película siempre mediocre con la que iniciar su sección oficial. Pero este año ha roto la tradición, y por todo lo alto: Un segundo es, al mismo tiempo, una historia de encuentros (y desencuentros) paternofiliales, de devoción al todopoderoso cine como experiencia única y colectiva (que puede hacer que nuestros anhelos se cumplan eternamente, aunque solo duren un segundo) y de historia de China.

One Second

Zhang Yimou es un maestro del cine (qué duda cabe) y sabe preparar la mejor receta posible con unos ingredientes que, aunque ya hemos probado antes, saben totalmente nuevos: una niña huérfana que se ve obligada a cuidar de su hermano pequeño, un hombre desesperado por ver un noticiario cinematográfico, una figura importante en la zona conocido como “el señor Películas” que nunca ha faltado a la cita con las masas deseosas de entretenimiento… Estas tres historias, entrecruzadas y con personajes que evolucionan, crecen y se desmoronan en cada escena, es uno de los puntos fuertes de One Second, pero no el único.

Una puesta en escena decididamente clásica, repleta de planos majestuosos y pequeñas escenas íntimas (el tercer acto, que se sitúa al completo dentro de una sala de cine, es maravilloso), un guion que entiende (y hace entender) a las tres patas de esta historia y sus complejas personalidades, escenas que llenarán el corazón de cualquier cinéfilo (ese rollo de película con imperfecciones siendo limpiado por una comunidad) y una historia enraizada profundamente en la revolución cultural china, que no por lejana a España se hace entender peor.

No es lo mejor de Yimou, pero sí una pequeña gran joya de este año que rompe la tradición de los estrenos mediocres en Donosti. Si a partir de ahora solo hay películas como esta, el Zinemaldi vuelve por todo lo alto.


Earwig (Lucile Hadzihalilovic) ⭐️⭐️⭐️½

Hay que estar preparado física y emocionalmente para ver Earwig, una película hermética en todos los sentidos: en el de su trama (un misterio envuelto en un enigma del que no nos dan todas las piezas del puzzle), en el de su estética (oscura, opresiva, sin luz salvo en un par de planos catalizadores), en el de su dirección (sobria, retante, que no quiere gustar de primeras)…

Earwig

Sorprende que Earwig esté compitiendo en la sección oficial de San Sebastián (hay quien habla de Concha de Oro porque sin premios no sienten sus gustos validados) cuando es una película que claramente pertenece a Sitges. Es críptica, lenta, mohína, diferente a cualquier cosa que hayas visto desde la primera hasta la última escena: es desasosegante, difícil de ver y -ojo, que aquí está la clave- única.

No significa que no tenga errores, claro: tras una presentación arrolladora del conflicto principal (el primer cuarto de hora, en el que no se pronuncia ninguna palabra, es perfecto), la trama secundaria adolece de parecer un añadido que en lugar de aportar matices, solo añade preguntas y, a largo plazo… la nada. Sin estas escenas, acortando un poco las dos horas de duración, Earwig sería mejor película de lo que es, sin eliminar el ambiente enfermizo, los personajes taciturnos y la trama continuamente interrogante. 

Earwig es una de esas películas que no puedes dejar que te cuenten, una experiencia con la que puedes acabar extasiado o hastiado (o incluso derrotado), pero que te alegrarás de haber vivido. Es más de lo que puedo decir de cualquier otra película de hoy.


Maixabel (Iciar Bollaín) ⭐️⭐️⭐️½

Las películas sobre ETA podrían ser un género en sí mismo, con sus clichés propios: la dolida esposa llorando, los etarras chapurreando euskera, el pueblo sin saber muy bien qué opinar. Si la (admitámoslo ahora) mediocre Patria intentaba vender un País Vasco que existía plástica pero no sentimentalmente, abriendo heridas en lugar de ayudando a cerrarlas, Maixabel es un canto al entendimiento imposible, al perdón más difícil y al arrepentimiento in extremis. Y consigue triunfar.

Maixabel

Quizá es que yo era un vasco en el momento de apogeo de ETA, y todos allí tenemos historias sobre familiares y amigos muertos, amenazados o a los que casi les toca, pero Maixabel sabe tocar las teclas adecuadas: después de un arranque más tópico, la película no se limita a contarnos la versión vasca del «nazi bueno» (el etarra arrepentido), sino que logra dar veracidad a las conversaciones entre víctimas y verdugos. No es una tarea fácil, y en manos de otro director y otros actores podría haber sido ridículo.

Pero claro: Icíar Bollaín, Luis Tosar y Blanca Portillo. El viaje de Tosar a lo largo de su conciencia (ojo a ese plano secuencia en el que repasa mentalmente los atentados, espectacular) no está apresurado ni falto de motivos: la película sabe dosificarlos de una manera inteligente a lo largo del metraje para que su decisión no nos pille por sorpresa. Blanca Portillo, superando el cliché de la esposa modelo y la madre coraje, está soberbia igualmente. Esta es una película de actores, y lo explotan de qué manera.

Icíar Bollaín nos dice que ya está bien de reabrir heridas y echar sal después: todos juntos, haciendo un esfuerzo inhumano, podemos salir adelante y cerrar esa etapa de matanza injustificada e indiscriminada, de familias rotas, de dolor continuo. Y lo hace sin glorificar al asesino arrepentido, sino ofreciendo todos los puntos de vista. En la sala, los de allí hemos acabado con lágrimas. Por algo será.

(CONTINUARÁ)

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