Festival de Málaga: Por un puñado de besos

Festival de Málaga
Lo primero que uno se pregunta al enfrentarse a Por un puñado de besos es qué hace en la Sección Oficial del Festival de Málaga. Por poner un ejemplo que comprendáis todos es como si el Festival de Cannes mete en su sección oficial una de las pelis románticas de Jennifer Aniston. Lo que se viene llamando un despropósito y una falta de respeto a lo que debe ser la sección oficial de un festival donde se supone que ha entrado lo mejor de lo recibido.

Criticar a Por un puñado de besos por el simple hecho que sea una película romántica sería una soberana tontería. Incluso criticarla por cursi estaría fuera de lugar. En ese sentido la película es coherente consigo misma y con el público al que va destinada. Es este un largometraje que tiene muy claro a quién va destinado y, como podréis suponer, no es a los críticos de cine ni a cualquier ser humano mayor de 25 años. 

En realidad el principal problema de Por un puñado de besos es que es una película moral y socialmente irresponsable en cuanto a la representación que hace de la juventud de hoy en día. Si el director nos hubiese dicho que esto era una película de ciencia ficción nos podríamos quedar tranquilos, pero, según lo que dijo en la rueda de prensa, esto va de jóvenes de aquí y ahora. Y en este caso cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Por un puñado de besos es una película orientada al público joven poco exigente, llena de frases motivacionales que harán furor entre las adolescentes con twitter. Pensar que haya jóvenes que se sientan identificados con estos personajes me da realmente miedo.

Pasar a enumerar las aberraciones de Por un puñado de besos sería interminable: esos increíbles apartamentos para un periodista y una camarera, ese novio músico de rock, ese tratamiento a la enfermedad… Todo muy doloroso tras haber visto otro retrato de jóvenes de la misma generación como 10.000 km que parecen vivir en un universo paralelo al planteado en esta película. En definitiva, Por un puñado de besos convierte a Tres metros sobre el cielo en una obra maestra de su género.