Festival de Málaga 2020: “Black Beach” y “Un mundo normal

Hace mucho calor este agosto en Málaga, y por si eso fuera poco, encima por lo visto estamos pasando por una pandemia y eso. Pero en el cine hace fresquito. En el cine llevamos la mascarilla puesta. En el cine nos podemos sentar un ratito y pensar en otras cosas. En la Sección Oficial de esta inusual edición del Festival de Málaga hemos sigo testigos de unas emocionantes persecuciones por África en Black Beach y hemos asistido a un entierro sin tierra en Un mundo normal.

Black Beach (Esteban Crespo, 2020)

Carlos (Raúl Arévalo) es un empresario que viaja a África para negociar e investigar el secuestro de un ingeniero. Allí se reencontrará con Ale (Candela Peña) y algunos otros elementos de su pasado. Según las propias palabras de su director, Black Beach trata el tema de los ejercicios de poder disfrazados de interés personal, lo cual se ve reflejado en la compleja trama de la película, aunque ésta se presente en un guion excesivamente abarrotado. No obstante, las escenas de acción brillan gracias a la banda sonora, la cuidada fotografía y el potente nivel de producción

Si miramos esta historia desde lejos, vemos que sigue a un hombre blanco que llega a un país africano (sin nombre) a tratar de solucionar un problema, y que acaba perjudicando a las personas de confían en él hasta que eventualmente todo este sacrificio acerca a nuestro héroe a su objetivo. Este planteamiento trae consigo una serie de implicaciones sobre las que se podría debatir extensivamente, pero es inevitable quitarse de la boca el término White Savior (complejo del salvador blanco) al hablar de esta película.


Un mundo normal (Achero Mañas, 2020)

La madre de Ernesto (Ernesto Alterio) le pidió que cuando ella muriera, tiraran su cadáver al mar. Cuando llega el momento, Ernesto emprende un viaje con el objetivo de cumplir sus deseos, y su hija Cloe (Gala Amyach) le acompaña para tratar de hacerle cambiar de idea. El motor de la trama (y de la furgoneta que protagoniza esta road movie) tarda demasiado en arrancar, e incluso una vez arrancado hace demasiadas paradas y toma demasiados desvíos. Los diálogos planos y excesivamente expositivos no ayudan a dar sentido a dichas caídas de ritmo.  

La verdad es que Un mundo normal tiene buenas intenciones, tiene corazón y tiene muy claro lo que quiere decir con su historia. Que a una servidora le haya resultado pedante su discurso “antisistema” no quiere decir que no será una película disfrutable para otros muchos espectadores, que conectarán con ella y recibirán su mensaje de forma más positiva.