Festival de Málaga 2019: «522. Un gato, un chino y mi padre», sí, ese es el título.

No, no es el comienzo de un chiste. 522 son los pasos que Georgina puede dar antes de sufrir una crisis; el gato, su compañero y protector; el chino, su amigo (aunque en realidad es japonés), y su padre, un afamado escritor de guías de turismo. Sigue siendo un título horrible a pesar de enmarcarte las piezas de la trama – circunstancia, giro argumental, compañero y destino -, pero supongo que somos más que un nombre. 522 Un gato, un chino y mi padre es una historia sobre la agorafobia, pero más allá, es una historia de reconciliación.

522. Un gato, un chino y mi padre

522 (por resumir) llama tu atención desde el comienzo. La rutina de Georgina (George para los amigos) determina su día a día con relativa rigurosidad, obedeciendo el planning según le convenza su ánimo. La fotografía es típica de una comedia, el tono también. Desde los primeros compases, Paco Baños te da a entender que no se trata de un drama y por ello se esfuerza sobre todo en captar tu curiosidad. En ese aspecto, la película es bastante sutil, ya que prefiere ahorrarse soltar las cosas a la cara con el fin de mantenerte atento a lo que ocurre. Con este magnetismo, 522 engancha al respetable a esta extraña road movie que, a pesar de lo anterior, carece de mano para la comedia. La cinta no llega a abordar ninguno de los tonos del espectro, y quizás por ello esta cinta no haya convencido a demasiados. No obstante, el ritmo no decae y el desarrollo no desentona por sus altibajos, así que todo bien.

Por su parte, el asunto de la agorafobia se lleva con bastante rigurosidad, tan sólo hay que apreciar las reacciones de George. El miedo no es hacia el exterior, sino hacia la inseguridad de lo desconocido: la búsqueda del lugar seguro es lo que marca el avance del personaje por distintas etapas de la película, que termina con la aceptación y recuperación de la confianza. En ese sentido, 522 realiza un soberbio trabajo que se ve ensombrecido desgraciadamente por frases tuiteras más o menos oportunas. Esto, sumado al crisol de acentos que entorpecen la escucha de las líneas, termina por conformar un conjunto sólido aunque imperfecto.

No se hasta que punto puedo decir que recordaré 522 Un gato, un chino y mi padre – ya me cuesta recordar el título más allá del número -. Ha sido una experiencia agradable, sin pretenciosidad, amena, con conciencia y con cariño, pero quizás no es suficiente para llegar a ser redonda. Litus nos ha cautivado por la brillantez dramática de su guión a pesar de las limitaciones de la dirección. Este ha sido el caso contrario y, sin embargo, seduce menos. Aún así, ha sido agradable acompañar a Georgina.





Deja un comentario

You May Also Like

Festival de Málaga 2017: ME ESTAS MATANDO, SUSANA, partida y regreso

Un coche conduciendo a toda velocidad por una calle mexicana. De un frenazo, evita atropellar a una pareja de transeúntes que paseaban tranquilamente, espera a que pasen y, acto seguido,…
Ver entrada

Kingsman: Servicio Secreto, el hermano pequeño de James Bond

Matthew Vaughn continua con el carnaval ya finalizado para el resto de los mortales y se disfraza como el más innovador bartender del mundo al presentarnos un combinado que hará las delicias de los adolescentes y entretendrá al público más adulto. Mezcla en una coctelera una pizca de James Bond, las claras referencias a sus películas son constantes en todo el metraje, dos partes de El Superagente Cody Banks y un chorrito de la acción de Spy Kids de Robert Rodriguez y obtendremos Kingsman: Servivio Secreto.
Ver entrada

Nocturna Film Fest: BLACK HOLLOW CAGE, la caja negra que habla

Cuando uno se imagina una máquina del tiempo se le viene a la cabeza la imagen de un coche futurista o un extraño vehículo con silla de barbero incluida, no,…
Ver entrada