Festival de Málaga 2017: BRAVA, feminismo a medio gas

Roser Aguilar vuelve al cine tras años de ausencia y por desgracia nos deja algo fríos con esta Brava. La película se centra en la historia de una mujer que sufre una agresión sexual en el metro de Barcelona y que pasará todos los procesos habituales en este tipo de casos: rechazo, aislamiento, culpabilidad y huida hacia adelante.

Brava Roser Aguilar

interpreta a Janine, una mujer independiente, aunque con novio, que trabaja en un banco, lo que le produce cierta desazón al tener que negociar y especular con el dinero de los demás. La visión de otra agresión le llevará a plantearse que quizás no es tan buena persona como pensaba ya que no ayudó cuando pudo. Todo el conflicto moral está perfectamente expuesto pero Brava no llega a trascender a la anécdota ya que poco nuevo propone a un tema que ya hemos visto: de hecho, una de las grandes bazas de Elle de era subvertir precisamente estos desgraciados tópicos.

La aparición de nuevos personajes en el campo como el padre de Janine (Emilio Gutiérrez Caba) y un amigo de este intenta aportar nuevas visiones masculinas, que no es que salgan muy bien paradas. Aguilar carga las tintas en los hombres, pero sin tampoco llegar a justificar sus actos, lo que confiere a la película una debilidad argumental que hace que no levante el vuelo.

Las correctas interpretaciones de Marull y Gutiérrez Caba poco pueden hacer para sacar adelante Brava, una película con buenas intenciones pero que choca con la ausencia de un que no suene a trillado o una propuesta visual que se salga de lo habitual. Esperemos que no tenga que pasar demasiado tiempo para que volvamos a ver algo más afinado de Aguilar que apuntaba alto en su debut, Lo mejor de mí, pero que aquí se queda a medio gas.