Festival D’A Barcelona: TRES RECUERDOS DE MI JUVENTUD, amor de juventud

Existen muchos prejuicios hoy en día a la hora de realizar películas que respetan o que se basan plenamente en estructuras narrativas propias del cine clásico. Uno de los recursos narrativos más criticados hoy en día y que suele ser objeto de largos debates es el mal uso de la voz en off. Cuando se utiliza este método para abordar la vida y recuerdos del protagonista de una película debe andarse con cuidado. La forma narrativa de Tres recuerdos de mi juventud está precisamente basada en la voz en off, en la mezcla de la voz del protagonista y la de un narrador externo que nos van guiando por las imágenes proyectadas en la pantalla.

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Paul Dedalus, empieza a recordar su vida tras ser detenido e interrogado por la supuesta existencia de un doble, de otra persona con su misma identidad. Este suceso sirve como detonador de toda la narración y Tres recuerdos de mi juventud pasa a dividirse en tres capítulos y un epílogo. El primer capítulo equivale a la infancia de Dedalus, a la muerte de su madre y a la relación que estableció con su padre y hermanos. El segundo narra una curiosa anécdota que protagonizó a los 16 años en Rusia y que fue la causante de la existencia de su doble. El tercer episodio, el más importante de todos, está dedicado a Esther, el amor de su vida. Resulta ridículo la repartición del tiempo de cada capítulo dentro de la narración.

El capítulo de Esther ocupa prácticamente el 80% de la película mientras que los otros dos quedan en un segundo plano relegados como hechos puramente anecdóticos. Esther es la esencia del film, la parte más fresca, dinámica y especial de la película. Es la historia de un amor de juventud tremendamente fuerte que se diluye progresivamente a medida que los protagonistas están cada vez más distanciados física y emocionalmente.

Quizás el problema de Tres recuerdos de mi juventud es que no encuentra en ningún momento un dispositivo formal capaz de acompañar tan compleja relación amorosa. Arnaud Desplechin, el director del film, intenta romper los códigos de clásicos y reinventarlos, haciendo que por ejemplo los actores lean las cartas de amor que se mandan en lugares particulares casi oníricos mirando a cámara, directamente al espectador. Recursos como este, o el empleo de reencuadres ovalados que intentan añadir un toque surrealista a la narración acaban por resultar forzados y anodinos. Así como la estructuración de la propia narración cuya introducción, epílogo y primeros dos capítulos solo cumplen la función de molestar y empañar lo realmente interesante de la obra, la relación de Esther y Dedalus y la consecuente exploración de sus sentimientos.