Márgenes 2018: «Entre dos aguas» de Isaki Lacuesta

Isaki Lacuesta consiguió consolidarse como director con La leyenda del tiempo, un documental impregnado de elementos de ficción con el flamenco y la isla gaditana de San Fernando como punto de unión de dos historias: la de un adolescente que no puede cantar después de la trágica muerte de su padre y la de una joven japonesa que pretende emular al intérprete de Volando voy. Doce años después de aquel hito de la carrera de su autor, Entre dos aguas, flamante ganadora de la Concha de del Festival de San Sebastián y cinta de inauguración del certamen Márgenes 2018, retoma una de aquellas tramas: la de aquel muchacho traumatizado por el fallecimiento de su progenitor. Ahora, convertido en adulto, tiene que afrontar las responsabilidades de ser padre mientras intenta salir adelante tras su estancia en prisión, donde fue condenado por tráfico de drogas. Su forma de vida contrasta con la de su hermano, un hombre que ha entrado en el ejército y lleva una existencia ordenada junto a su mujer y sus hijos. 

Entre dos aguas de Isaki Lacuesta

No obstante, a pesar de reencontrarnos en el mismo escenario y con algunos de los protagonistas de la película estrenada en 2006, Isaki Lacuesta procede de una manera muy distinta. Si entonces nos encontrábamos con un documental dramatizado, ahora estamos ante una ficción con base documental. Es cierto que los personajes se encarnan a sí mismos, pero no lo es menos que algunos de los acontecimientos que vemos en pantalla no forman parte de sus vidas reales. Por otra parte, la excusa musical queda diluida un tanto por mucho que la cinta lleve el título de uno de los clásicos del desaparecido guitarrista Paco de Lucía. 

El largometraje no elude en ningún momento su condición de secuela sui generis. El cineasta catalán incluye fragmentos del primer filme en esta continuación a modo de contrapunto. Así podemos ver cómo el tiempo ha cambiado a los personajes y ha dado al traste con algunos de sus sueños e ilusiones. No obstante, también muestra que algunos aspectos son casi inalterables, como la complicidad de Isra con su hermano y el resto de sus colegas. 

Isaki Lacuesta logra, además, que los elementos más propios del documental convivan con aquellos más característicos de la ficción sin que nada chirríe. Como ocurriera en las mejores obras del neorrealismo italiano, las imágenes exudan autenticidad y verosimilitud. A ello contribuye la excelente labor del realizador catalán a la hora de dirigir actores no profesionales. El autor de Cravan vs Cravan consigue que ninguno parezca impostado, especialmente un magistral Israel Gómez Romero, que emociona en un  papel que tiene mucho de su propia persona, pero también de muchos amigos y vecinos que se ven abocados a la marginalidad en las zonas más desfavorecidas de la Isla de San Fernando. 

Entre dos aguas de Isaki Lacuesta

Sin ninguna duda, Entre dos aguas vuelve a ser otro hito en la carrera de su máximo responsable. Por otra parte, pone de manifiesto que el mejor cine social es aquel que muestra la realidad sin discursos obvios y deja al espectador que saque sus propias conclusiones. 

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