Festival de San Sebastián 2017, Día 4 (Perlas): EN REALIDAD NUNCA ESTUVISTE AQUÍ y 120 PULSACIONES POR MINUTO

Con el paso de los días y los meses, los recuerdos de un festival de cine son bonitos: la hermandad entre crítica y público, algunas películas estupendas, los aplausos, abrazos y nervios… Pero en el día a día, lo que dominan son las pequeñas guerras: la gente que reserva asiento para “cinco amigos que están en la cola y ahora vienen”, el señor que ronca en una de cada dos películas, el crítico de cine que todavía no ha aprendido a poner el móvil en silencio cuando empieza una proyección (con premio extra: ¡Contestando delante de todo el mundo!)…  Por suerte, estos pequeños problemas del día a día se perderán como lágrimas en la lluvia de Donosti, que ha acompañado la llegada a la mitad del Zinemaldi con unos resultados, hasta ahora, más que positivos. Repasemos, un día más, las películas que hemos visto hoy, comenzando con las Perlas En realidad, nunca estuviste aquí y 120 pulsaciones por minuto.

EN REALIDAD, NUNCA ESTUVISTE AQUÍ (Perlas) *** ½

Lynne Ramsay ya desató el interés de muchos con su tercera película, Tenemos que hablar de Kevin, y ha tardado más de un lustro en filmar su siguiente obra, En realidad, nunca estuviste aquí (You were never really here), en la que la forma se come al contenido y la narrativa queda a un lado en favor de un lirismo tan interesante en sus primeros compases como algo cargante hacia el final.

En realidad, nunca estuviste aquí

Pero, por otro lado, En realidad, nunca estuviste aquí no sería nada sin estos juegos de artificio: un remedo del John Wick o la Venganza de turno pasada por la batidora de lo turbio. Pero entre niñas violadas, martillazos, sangre a raudales, autoasfixias y conversaciones con moribundos tenemos a un personaje al que nunca terminamos de entender del todo (la película se ocupa de ello) y cuya personalidad conocemos solo por pequeños flashes de segundos que en ningún momento forman una historia completa.

Ramsay confía en el público, y deja piezas del rompecabezas sin unir para que la gente se las imagine y una las piezas correctas en su cabeza. El resultado es una obra sin concesiones a lo mainstream, tan inexplicada como explicable, tan repleta de lírica como falta –en ocasiones- de ritmo. Al final, nos queda un Joaquin Phoenix que se come la pantalla en la mejor interpretación desde su retorno al cine en 2012: Un hombre traumatizado por su pasado que vive el día a día de forma aséptica y desata toda su furia en las misiones de asesinato que le encomiendan. Rara avis en Donosti, y, guste o no, se agradece algo así en un festival que peca de hierático.


120 PULSACIONES POR MINUTO (Perlas) ***

120 pulsaciones por minuto es una película importante. Una película de cine social para que nunca nos olvidemos de la epidemia de SIDA a inicios de los años 90, de la lucha de los enfermos y de un activismo que dolía especialmente en los tiempos donde ser homosexual conllevaba de por sí un grave estigma social. Pero no solo es una película sobre el activismo en los tiempos del SIDA: Además, es una película sobre la valentía, el amor y el dolor que causa estar apegado a una causa. El problema es que esta segunda parte no llega ni interesa tanto como la primera.

120 pulsaciones por minuto

Cuando 120 pulsaciones por minuto se mantiene en un plano general, mostrando las protestas y las reuniones de Act Up París, todo fluye con ritmo y exquisitez, fraguando una película magnífica. El problema es que el director Robin Campillo decide pasar del plano general al primer plano centrándose en la historia de dos de estos activistas, y dejando que contemplemos el deterioro físico de uno de ellos. Este cambio de foco ocurre cuando la película está lo suficientemente avanzada y lo que nos importa, como espectadores, es el grupo y no el individuo. Una pena, porque con media hora menos, podríamos estar hablando de una película francamente mejor.

120 pulsaciones por minuto se mete en el ojo del huracán, en medio de las protestas, y no teme desmitificar las revueltas o mostrar otros puntos de vista más allá de lo bonito de la resistencia. En su segundo y tercer actos le falta garra para atrapar al espectador una vez propuesto el tema principal y cae en repeticiones y obviedades hasta que vira el rumbo de la película desconcertando al espectador. Una pena: un tema muy importante e interesante fallido por una absurda falta de visión general.