El tiempo contigo o el color de la lluvia

Mi profesor de cine solía decir que en la carrera de Historia del Arte no se podía decir que algo era “bonito”, pero también decía que con ciertas obras sólo te sale esa expresión. Creo que Makoto Shinkai es de esos que buscan “la imagen bonita”. Este es un director que cae en la contradicción con facilidad: un artista obsesionado con lo pintoresco, con retratar la realidad hasta el mínimo detalle mientras elabora historias que se alejan en forma y contenido de la misma. Su animación no queda atrás, fíjense si no en la sensualidad de la comida o en la variedad de sus colores. Su estilo sacrifica el realismo por su obsesión por lo “bonito”, que no lo “bello”. A quien no le guste esto le tildará de relamido y se quedará tan pancho, mas si hoy nos encontramos, tú lector y yo escritor, para hablar del director de Your name es porque al menos llama la atención. El fin último de la imagen es persuadir.

Weathering with you (o El tiempo contigo) retrata el cielo con peculiar interés. La lluvia, leitmotiv en El jardín de las palabras, regresa para mostrar su violencia y su belleza. Shinkai limpia con agua su atmósfera y aprovecha el grisáceo color para contrastarla con la luz del cielo despejado o la del neón de la ciudad. Sus imágenes oscilan entre el exótico encanto del Tokyo de Sofia Coppola y el aterrador mar de nubes de Friedrich; su estilo en el color y los encuadres extraños, dispuestos a captar nuestra atención a cada plano, nos dejan una obra en la línea de las anteriores, capaces de provocar un Stendhal en el respetable.

Lo “bonito”, no obstante, conlleva un problema: no es más que goce estético, a menudo vacío. No dejo de pensar en, por ejemplo, cómo 5 centímetros por segundo recargaba sus escenas en busca de una trascendencia que no existía. Makoto Shinkai le da una relevancia capital al goce estético del espectador, por ello es desmedido. Una vez más, habrá quien lo rechace o lo aplauda, dependerá de cuanto valore el protagonismo del añadido. En mi caso, creo haber asimilado que el japonés ha decidido hacer de lo superfluo parte de la experiencia, y por ello acepto que en esta última cinta vuelva a querer sorprender de esta manera porque el anime lo permite. El anime es barroco, así de simple. Nos hemos acostumbrado tanto a la sobriedad europea que a veces no llegamos a ver lo grande en lo pequeño. La excepción es el anime. El tiempo contigo, como cualquier anime comercial, enarbola lo cotidiano. El realismo se mira desde un prisma caleidoscópico.

El tiempo contigo

Aunque claro, hablar de realismo aquí es andar en un terreno pantanoso. El tiempo contigo vuelve a la mitología japonesa para sustentar la historia de una chica capaz de hacer salir el sol de entre las nubes. Una historia de dones, empezamos abusando de él y se terminan sufriendo las consecuencias, lo mismo que en Your name o, por tomar un referente más apropiado, La chica que saltaba a través del tiempo de Mamoru Hosoda. Es una estructura heredera de la mitología, utilizada para poner moraleja a la soberbia del ser humano. Por supuesto, Shinkai no ha venido para regañar a nadie, sino a contar una historia de amor entre dos jóvenes separados por un condicionante, como suele hacer. El japonés no suele salir por lo general de los mismos temas, muy típicos del anime. Además del amor, le preocupa el futuro, la incertidumbre que aguarda a sus protagonistas tras los estudios, la insatisfacción y la frustración de quien empieza a comprender qué es la vida, en definitiva, de la madurez. En El tiempo contigo, estos tópicos persisten ahora bajo circunstancias más adversas. Los personajes se han dejado atrás su vida anterior, bien por necesidad o bien por elección, y en la inmensidad de la ciudad, el azar los reúne. Al igual que en Shoplifters, la familia no siempre es la que te toca, también puede ser la que encuentras. Makoto Shinkai es capaz de añadir un componente realista a una historia de fantasía sin que el contraste desentone en absoluto, todo gracias al magnífico ritmo que acelera y desacelera con gran precisión.

Weathering with you no da tantos giros en su narrativa como Your name, quizás por eso persuada menos. Prefiere abordar sus temas por separado, es una obra mucho más horizontal, menos holística que la anterior y supongo que por ello me resulta menos redonda. También es cierto que las comparaciones son odiosas, pero si lo hago es porque Makoto Shinkai es constante en todo lo que nos ofrece. El exceso recargado de sus obras no sólo se aprecia en el color, también en las historias que nos cuenta. Supongo que por ello todavía no hemos condenado su estilo, resulta que detrás de lo “bonito” de sus imágenes hay algo más, algo que en ocasiones no va más allá del gusto por el gusto. A veces no nos queda otra cosa que decir que algo nos gusta porque es bonito.

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