El escándalo Ted Kennedy, un coche bajo el agua

A los Kennedy parece que les ha mirado un tuerto. Un accidente y varios atentados, el más famoso el del balazo a JFK, ese 22 de noviembre de 1963 en Dallas, son algunos de los episodios que alimentan la teoría de que una horrible maldición parece perseguir, todavía hoy en día, a los miembros, hombres y mujeres, de dicha familia. Uno de ellos, el senador Ted Kennedy, no se libró de esta cuando en 1969 estando de fiesta en la isla de Chappaquiddick con sus amigos y sus boiler room girls de campaña, sufrió un accidente en el que falleció su amiga Mary Jo Kopeche en una noche infame de borrachera, desmadre y pérdida de memoria transitoria. El escándalo Ted Kennedy recoge las horas anteriores y posteriores al fatal accidente, con un senador que se muestra al principio imponente, sirva como botón de muestra la entrevista en TV y confiado en poder llegar a ocupar la presidencia en los Estados Unidos y un dirigente final descabezado y traumatizado que se deja guiar por todos los que tiene a su alrededor, hombres de confianza y gabinete de crisis con un ejército de abogados, asesores y consejeros afines a la causa demócrata y marcados por la servidumbre perpetua a su padre.

El escándalo Ted Kennedy

Esta transformación o metamorfosis kafkiana, de hombre a cucaracha, convirtió a Ted Kennedy ante la prensa y opinión pública, de prometedor aspirante a la Casa Blanca a un cobarde pelele que pasó de auxiliar a su amiga prefiriendo salvar su propio culo de una mancha curricular. Como ya sabemos los errores se pagan y en política mucho más. Los posibles plagios, corruptelas, tratos de favor o escándalos como conducción en estado de embriaguez pueden provocar una muerte accidental o suponer el entierro político y profesional de cualquiera.

Como en las novelas del genio King, el estado de Maine es ahora la isla de Chappaquiddick, un lugar que tiene vida propia y un conjunto armónico de corazones latiendo al unísono en cada uno de sus habitantes, sin historias privadas e individuales que contar, un ramillete de paletos de la América rural y profunda que trabajan y viven adorando a un dios con pies de barro actuando como marionetas de un sistema que se apropia de sus decisiones y pasos y que los mira por debajo del hombro, encuadrados en contrapicados muy del estilo Orson Welles.

El escándalo Ted Kennedy

El escándalo Ted Kennedy es un blanco perfecto para todos aquellos que critican una época pasada que fue peor. Los personajes masculinos llevan todo el peso de la acción dramática y cómica negra que salpica cada una de las intervenciones del senador de Massachusetts o de aquellos que como satélites gravitan alrededor del planeta Jason Clarke sin un ápice de sentido común o impresionan pronunciando alguna palabra lapidaria a través del teléfono como ese Bruce Dern que ya nos dejó algunas migajas de su genio en la última de Quentin Tarantino. Las mujeres se pasean como floreros andantes llevando sillas de ruedas o acompañando a sus hombres como consortes sin voz ni voto a las que van a imputar errores imaginarios. Son simples corderitos amaestrados que empoderan al colectivo masculino fortaleciendo su status ya de por si poderoso. Un machismo invisibilizado, como dirían algunos que se demuestra en pensamiento y obra.

La única que parece salirse un poquito de esta norma trabajando fuera de casa y escapando de un estereotipo de sociedad patriarcal es Mary Jo y ¡ya sabemos como acaba la pobre Kate Mara! No obstante sus padres dejan en mal lugar a su hija aceptando una verdad a medias y bajando la cabeza ante la revelación de su líder al que solo le falta crecerle la nariz cuando se pone a declarar delante de un micrófono.

El escándalo Ted Kennedy

John Curran, el director de El escándalo Ted Kennedy, película con pinta de telefilm de mediodía, baja a los infiernos a la poderosa clase política estadounidense que se creía en ocasiones blindada y aupada en una posición elevada con respecto al pueblo llano, algo que últimamente esta siendo eliminado en otros países con la transparencia en sus vidas y cuentas.

Ese pobre y mimado niño rico que se cree un juguete roto por los consejos de sabios es el retrato de una caduca sociedad superada en este siglo XXI. No sabemos si en realidad todo sucedió tal y como el director de El escándalo Ted Kennedy lo cuenta, todavía hay dudas y detalles que se ocultan entre montones de folios garabateados y declaraciones oficiales con incongruencias por doquier. Gracias a internet y a la comunicación global las sombras son menores y sucesos como el contado aquí pueden revelarse ajustados a la realidad apoyados por una ley más justa que evita posibles represalias y censuras descubiertas. El automóvil ha sido sacado de un agua turbia al igual que un caso que todos debemos conocer y que nadie debió ocultar ¿Verdad Ted?