El día del espectador: Blade (1998)

El estreno de Blade fue todo un acontecimiento en clase, removió las entrañas de todos aquellos que la habían visto y los empujó a entregarse a lo dark, las pulseras de cuero con tachuelas y a la música heavy. Supuso un cambio en el paradigma social establecido y abrió una puerta a un nuevo mundo.

El día del espectador: Blade (1998)

Con la curiosidad de los que buscan y más que obligado por las circunstancias del momento, ir al cine a ver las aventuras del vampiro más vacilón, era mi playa de Omaha particular; engañar a alguien para volver a verla era algo casi imposible – el volver a ver una película en el cine era algo inaudito por aquel entonces, eso era locura más que una fijación por el amor al séptimo arte- así que tuve que recurrir a la única carta que no podía fallarme, la apuesta segura; tras más de una semana de planificación y con el tesón del que pica piedra en Alcatraz, conseguí convencer a alguien para ir al otro extremo de la ciudad a ver a dando patadas sin ton ni son.

La relación de mi padre con el cine se basaba en dos pilares fundamentaes; el primero de ellos era el espagueti western y el otro, II: La Aniquilación. La emisión continua, casi en bucle, de películas del oeste en verano, era el único momento en claro en que sabías que mi padre estaría en el sofá, pendiente de qué pueblo habría que liberar o de cómo acabaría ese duelo al mediodía. Con esta extraña experiencia cinéfila, el enfrentarse a Blade debía ser pan comido y una batalla más de la que salir victorioso.

La primera película de Stephen Norrington –primera porque es la que se le recuerda- empezaba fuerte: chico y chica se conocen, surge el amor y acaban en una discoteca bailando bacalao maquinero. En aquel trepidante inicio, chico se da cuenta de que se ha metido contramano y acabará llegando Wesley Snipes para salvarlo.

El día del espectador: Blade (1998)

A partir de ahí, pues patadas voladoras, sangre cayendo de aspersores, persecuciones alocadas, más sangre, muchas cenizas, Blade con complejo de Elektra y mucha gente fumando en pantalla para demostrar lo malos que podían ser.

Las trepidantes aventuras del vampiro que puede andar a la luz del día, parecía que contaban las vivencias de un ex-miembro del Proyecto Hombre recién salido de la cocaína y cómo esta le influyó para hacer la epopeya que necesitábamos en 1998 y hacer ver que era posible realizar cine sobre cómics, aunque no tuviésemos muy claro qué personaje era aquel. 

En retrospectiva, me pregunto si aquello fue un biopic de la vida de Dennis Rodman con música de rave.

La película acaba con nuestro héroe venciendo y prometiendo, con esos finales que daban a entender que habría segunda parte, que volverá para acabar con todos los vampiros de la faz de la  tierra. Las luces de la sala se encendieron, dejando ver la cara del puñado de espectadores que había allí.

El día del espectador: Blade (1998)

Nunca más hablé con mi padre de lo que allí vimos, abandonamos la sala y nos montamos en el coche, rumbo a casa. El silencio, en ciertas ocasiones, está bien.