El día del espectador: “Batman Forever”

Con la llegada de los centros comerciales, la desaparición estaba más que clara, aunque a mediados de los noventa, todavía aguantaban en pié algunos de aquellos cines que con una o dos salas, eran la alegría de un barrio cada vez más vacío. Ir a comprar el pan y pasarte por delante de la entrada del cine Delicias a ver qué película tocaba mientras mirabas los fotogramas de algunas escenas, era la forma más barata de ver lo que allí ponían sin necesidad de pagar la entrada, algo que más tarde sería la versión de barrio del ‘torrent’ solo que la película era mejor, porque la habías imaginado tan bien, que era imposible decepcionarte. Hasta que vas a ver Forever con fiebre.

Batman forever

Huir del calor veraniego acudiendo a una sala de cine, es un plan que no tiene fisura alguna, salvo que sin saber muy bien cómo, hayas cogido un pequeño resfriado de verano, pero nada de eso importa cuándo estás dispuesto a ver la nueva aventura de tu cómic favorito.

La diferencia entre bueno y malo es algo que hemos aprendido conforme crecíamos y que llegó a nosotros gracias a Internet, con el establecimiento de las tarifas planas, un mundo de sensaciones y opiniones formadas nos dieron de pleno en la cara, pero en 1995, fliparse estaba permitido y soñar era un verbo que todavía no había sido impreso en muchas tazas de café.

El salto de continuidad y narrativo que existe entre Batman vuelve y Batman Forever ahora es Tommy Lee Jones y no Billy Dee Williams, aunque normal con tanto nombre compuesto –  es asomarse al abismo del ser humano, a lo más oscuro de las almas y una vez allí, enfrentarse con ese niño introvertido que se transformó en un cani al llegar las Nike de muelles.

Batman forever

En aquel cine y mientras mi fiebre subía de manera desorbitada a causa del aire acondicionado, todavía recuerdo el viaje lisérgico al que me enfrenté, causándome tal trauma que durante las dos noches siguientes seguía viendo la película escena por escena en el techo de mi habitación siendo esto una victoria de los pobres, porque solo habíamos pagado por ver la película una vez.

Siempre que afrontamos el cambio de las ciudades, recordamos con cariño aquellos rincones que nos hicieron lo somos hoy; donde la gentrificación triunfó, nosotros tenemos una pequeña historia que contar, una historia de nostalgia, llena de momentos bellos que siempre volverán a nuestra retina mientras hacemos algo trivial, como atarnos los cordones. 

Batman forever

Aquel cine cerró para transformarse en un supermercado, llevándose con él miles de historias con más pena que gloria. Supongo que me alegro.