El Club de la Lucha, la profecía de Fincher

El 15 de septiembre de 2008 Lehmann Brothers, una de las grandes firmas de inversión mundial, se declaraba en bancarrota, convirtiéndose en la primera gran víctima de una crisis mundial. El 11 de septiembre de 2001 las Torres Gemelas, el WTC 7 y otros 23 edificios de Nueva York, símbolos del mundo financiero de Estados Unidos, caían destruidos por un atentado terrorista. El 10 de septiembre de 1999 se presentaba en el Festival de Venecia El club de la lucha, la cuarta obra de David Fincher. La película sufrió devastadoras críticas que la tachaban de fascista, irresponsable y apología del terrorismo. Además, sufrió uno de los fracasos en taquilla más estrepitosos que se recuerda a finales de los 90. Parece ser que nadie entendió qué es lo que Fincher no estaba tratando de decir con esta historia de luchas internas llevadas al extremo.

El club de la lucha (David Fincher, 1999)

Como un poeta avanzado a su tiempo, Fincher fundió en el último y esperanzador plano de El club de la lucha la destrucción física de unos rascacielos que representaban el colapso del poder económico que nos controla. Un reflejo de este plano final estaría por venir en los mencionados hechos del 2001 y 2008. Visto en perspectiva, resulta muy fácil ver de qué se nos estaba avisando, de que éste es el mundo que estamos construyendo. Hace décadas, Fincher nos advirtió de que no íbamos por el buen camino. Nos dijo que estábamos construyendo la sociedad equivocada con los cimientos erróneos y que todo esto, tarde o temprano, iba a terminar explotando.

Pero no sólo hubo interpretaciones erróneas por parte de los detractores de la película. Como toda obra compleja, sus múltiples lecturas también provocan malas percepciones en sus acólitos. Muchos de los ridículamente llamados antisistema han acogido la película como bandera de un anarquismo y rebelión mal entendida. La solución es volar las instituciones que nos manejan y empezar a construir desde cero, dicen éstos. Cada grupo, a favor o en contra del supuesto mensaje de la película, coge lo que le interesa para justificar sus razones, para razonar su ideología y poder dormir por la noche con la conciencia tranquila de que estamos haciendo algo por mejorar el mundo de mierda en el que vivimos.

Ni la obra de Fincher es una apología del terrorismo, ni es una película antisistema. Al contrario, es probablemente una de las película que mejor ha sabido captar la capacidad de adaptación del ser humano a si mismo. Además, con sentido del humor y sabiendo quién va a estar a favor y en contra y riéndose de todos ellos. Donde muchos ven sociología yo veo antropología. Esto no va acerca de la sociedad, va acerca del hombre.

El club de la lucha (David Fincher, 1999)

En un momento de la película Jack y Tyler van a una gasolinera. Tyler le pone una pistola en la cabeza al dependiente y le pregunta qué ha estudiado. Éste le contesta que ha ido a la universidad para ser veterinario pero que es muy difícil y que se conforma con trabajar en la gasolinera. Tyler le dice que si dentro de unas semanas vuelve, sigue ahí trabajando y no se ha apuntado a un curso de veterinaria, le volará la cabeza. Es esta una de las secuencias más definitorias de la película. ¿De quién es la culpa de nuestras miserias? ¿Somos nosotros los que nos ponemos el obstáculo o el sistema el que nos lo pone?

Finalmente, sólo buscamos un cierto grado de ataraxia: que nada me perturbe, que cada día pase como el anterior, que todo cambie para seguir igual. El club de la lucha nos habla de ese mundo que nos hemos creado entre todos y del que todos somos culpables. Mi conclusión es que ese club de la lucha está en nosotros mismos y lo libramos todos los días. No hay respuestas pero por lo menos las preguntas están ahí.

Y, por supuesto, la pregunta final: ¿Donde está mi mente?

Artículo publicado originalmente el 22 de septiembre de 2011