El apóstata, con la Iglesia hemos topado

Parece que el 2015 es el año de las películas con debate moral o religioso. La eutanasia, la guerra, el racismo, el nacionalismo y la discriminación sexual han sido algunos de los temas tratados por los films durante estos nueve meses. Ahora a todos estos hay que sumar la crítica que se hace en la reciente producción El apóstata a la religión católica poniéndola al mismo nivel que los gimnasios a la hora de salirse de sus faldas. Para entrar es muy fácil y no se pone ninguna pega pero para abandonar el barco la cosa es bastante diferente. Entonces hay que llamar a porque señores ¡entre manos tenemos una misión imposible!

La Iglesia ha silenciado tanto y a tantos que hablar sobre ella es pisar aguas pantanosas. Hay tantas cosas que se escapan de nuestro entendimiento que se antoja difícil dar explicación a todas ellas.

El Apóstata

Gonzalo Tamayo, era un niño de inquebrantable fe que desde pequeño nunca se cuestionó si debía pertenecer o no a un club tan poco exclusivo como el de los católicos. Sus padres siempre eligieron por él y jamás le preguntaron ni le pidieron opinión. Ahora que es mayor ha tenido una revelación nada divina dándose de bruces con una verdad que a veces es ocultada. Alejado de todos los mandamientos de la ley de Dios se permite traicionar más de uno seguro de que su razón saldrá ganadora del combate librado contra la Iglesia.

El apostata nos presenta a un hombre librepensador y transgresor en un tiempo cercano a los ochenta que no se avergüenza de su verdadera naturaleza pero que debe ocultarla a una familia demasiado conservadora y chapada a la antigua que ve en la tradición cristiana la única verdad universal. El film es él y la gente que le rodea, unos personajes secundarios en su vida que vienen y van sin pararse a descubrir cómo es en realidad. Por eso será el mismo quien nos informará de su verdadera naturaleza a través de unos sueños de lo más surrealistas, atentos a la escena con el obispo en el balcón o del jardín del Edén, con clara referencia a Adán y Eva y a la iconografía de Pier Paolo Pasolini. Desnudará su alma y corazón ante nosotros revelando lo más íntimo de su persona.

El Apóstata

Se ha dicho que la película emana un aura especial sobre todo con respecto a los símbolos que aparecen en la pantalla. Según su realizador es lógico que ciertas influencias de un magnífico director como Buñuel calen en él pero que ni por asomo han sido mostradas con intención, simplemente emergen fruto del conocimiento que el mismo tiene del cine que ha visto y ha mamado. Me refiero como no a la escena de la mano del protagonista comparándola con El perro andaluz o las monjas subiendo las escaleras en perfecta coreografía que nos recuerda a un cine anterior también independiente o de vanguardia.

La música es una mezcla de trabajos muy distintos entre sí que beben de la cultura popular o de los propios gustos del director. Así podemos encontrarnos con un tema flamenco cantado a capella acompañado de guitarra española, canciones populares, cortes de maestros clásicos o de rock duro que rompen y acompañan a la perfección con el mensaje que se quiere transmitir.

 

Una idea original es lo que nos propone Federico Veiroj. Una idea que durante ochenta minutos nos sumergirá en un océano de sentimientos y una intimidad antes nunca revelada. Algo nunca visto, algo que nunca se repetirá porque solo hay un Gonzalo Tamayo. Y eso lo saben bien en el de donde ha sido premiada. Amén.

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