Dom Hemingway, pólvora mojada

El cine británico tiene una larga tradición dedicada a los parias como antihéroes de una sociedad a la que se enfrentan como si fuesen quijotes sin nada que perder. El atractivo general hacia estos personajes suele venir envuelto en una trama con algún tinte criminal o gangsteril que le dé al tema algo de universalidad, todo ello unido al clásico humor inglés. Todo ello lo encontramos en Dom Hemingway por obra y gracia de un omnipresente , pasando por el trámite de engordar y afearse para que apreciemos los buen actor que es.

El personaje que da título a la película es un ex-convicto con serios problemas al controlar sus ataques de ira. Esto da la oportunidad a Jude Law de desmadrarse, sobreactuar y exagerar hasta lo exasperante durante los 90 minutos que dura Dom Hemingway. Por el camino contemplamos sus desventuras a la hora de intentar adaptarse a un mundo que desconoce mientras intenta recuperar a su hija, una más que improbable que a todas luces no podría ser hija de Law.

Dom Hemingway

Por desgracia, y a pesar de todas sus buenas intenciones, Dom Hemingway no logra destacar en ninguno de los aspectos que intenta desplegar: las diferentes tramas criminales que abre no llevan a ningún sitio más allá de intentar definir al violento personaje, los brotes de no producen nada más allá de un par de muecas, y la vertiente dramática suena a gastada y es claramente previsible. Así, los esfuerzos de Law al interpretar al deslenguado Dom se quedan en una nadería rodada con poca gracia y que llega con 15 años de retraso, es decir, a los buenos tiempos de .

Pero tampoco hay que ser demasiado injusto, Dom Hemingway se puede disfrutar como el ejercicio de un actor que en un tiempo parecía que iba a ser una estrella ya ahora sólo le queda llamar la atención a golpes. Pero claro, es este un golpe que termina encerrando demasiados convencionalismos e incluso ciertas dosis de corrección en su tramo final en los que la inevitable redención echa por tierra sus gamberras intenciones. Vamos, que los hay que consideran que decir palabrotas e ir hecho un guarro es el colmo de lo incorrecto. Al final, Dom Hemingway no es más que pólvora mojada.