Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?, humor contra al racismo

Reírnos de todo y de todos. El humor cada día sobrepasa fronteras en todos sus medios; ya sea en la literatura, la televisión o el cine, pocos tabúes quedan exentos de la horca cruel e indomable de la sátira contemporánea. Precisamente parece que la única solución para superar estos tabúes es reírse de ellos. El director Philippe de Chauveron consigue superar uno de los temas más polémicos a nivel mundial: el racismo. Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? combate el racismo a base de carcajadas. La premisa de la obra es un matrimonio conservador francés, cuyas tres hijas se han casado con tres inmigrantes: un judío, un árabe y un chino. Todas las esperanzas del matrimonio están volcadas en su cuarta hija, la menor, a la que esperan emparejar con un francés cristiano auténtico. Muy a su pesar, su cuarta hija está enamorada de un hombre de color. La preparación de la cuarta boda estará llena de problemas a causa de la frustración de unos padres racistas, tanto de los del novio como los de novia, que han de superar sus diferencias.

El racismo es uno de los elementos claves para el desarrollo de la obra pero permanece escondido entre las situaciones cómicas y chistes despectivos contra las diferentes razas que aparecen. Esto puede entenderse como un punto negativo, pero el hecho de que el humor gane en importancia al racismo dentro de la obra, pero hace desaparecer (aunque no del todo) el discurso simple y fanfarrón en el que suelen caer este tipo de películas.

Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?

La película goza de un buen guion que sabe incluir los instantes más desternillantes en los momentos más dramáticos y a la inversa. El reparto numeroso puesto en escena formado por cuatro hermanas, cuatro novios y cuatro padres (dos de la familia de la novia y dos de la del novio), consigue congeniar y darle buen ritmo humorístico a la película. Pero sin duda, los momentos más divertidos de la película vienen a partir de las escenas en las que coinciden el padre de la novia (conservador francés) y el padre del novio (costamarfileño intolerante). Precisamente esta pareja nos muestra las dos caras de una misma moneda y algo que muy pocas películas se han atrevido a explicar: la existencia de racismo en todas las razas ya sean blancos, negros, árabes o judíos.

Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?, es una buena comedia que hará reír a todo el mundo. Pero lo que se debe extraer realmente relevante de la película es el uso del humor para intentar resolver o dar un punto de vista diferente a uno de los problemas más importantes de este mundo.