Cosas de la edad, cambio radical

Que una película sea un exitazo en taquilla en Francia o en Sebastopol no significa que sea el no va más en cine, aquí tuvimos a siete apellidos vascos que pueden corroborar eso. Que el escaparate sea Marion Cotillard y su marido en la vida real, el conocido director Guillaume Canet tampoco nos saca de dudas, si acaso nos sumerge de lleno en ellas sin bombona de oxígeno. En Cosas de la edad, este actor y director hace una parodia de su propia vida, resultando esta, a veces, dramática en su raíz. Su día a día no puede ser más rutinario, con una mujer que está solo interesada en su trabajo como actriz y que parece no entender que su esposo está a punto de mal sobrellevar la temida crisis de los cuarenta que aquí está aderezada con una ramita de injusto trato, por parte de la industria cinematográfica que tiende a encasillar a sus estrellas y que a veces se olvida de ellas cuando estas cumplen cierta edad. Ya nadie parece entenderle, nadie parece darse cuenta de que está a comenzando a convertirse en otra cosa.

Cosas de la edad

Sus locuras no tienen fin, primero actuando y visitando lugares que jamás pensaba que conocería, desfasando más de la cuenta y después poniéndose en manos de varios doctores en la materia que le sacarán los cuartos intentando hacer que se quiera a si mismo para que los demás lo respeten. La equivocación la encontramos en la manera que ha usado para pasar de una oruga a una mariposa, una metamorfosis muy kafkiana que tiene que ver mucho más con inyecciones de botox y largas sesiones de gimnasio y de dieta radical que con algo más espiritual. Puede parecer que Cosas de la edad es una comedia, de hecho en muchas ocasiones se aproxima a este género, pero en realidad es un drama que muchos en la vida real padecen en silencio. Es muy duro darse cuenta de que los años no pasan en balde, muy traumático el comprobar que ya nadie te encuentra interesante y eso es precisamente contra lo que Guillaume Canet se rebela y lo que critica el guionista Philippe Lefebvre que colaboró con él.

Este niño perdido fantasea con relaciones imposibles en donde las mujeres le encuentran irresistible, vuelve a practicar hobbys que había olvidado, tocando música rock en fiestas de cumpleaños infantiles y pugna por papeles que no parecen hechos para alguien de su edad o su condición física actual. Es tiempo de conversaciones profundas con otros carrozas o rockeros de la vieja escuela que como él están encerrados en una cárcel de la que no pueden escapar y fumar solo en contadas ocasiones cuando el vigilante está despistado, tiempo de partidas de cartas con los amigotes y abandono de la práctica de aburridos deportes como la equitación.

Ahora vayamos con las partes menos graciosas y más tristes de Cosas de la edad, que como las meigas haberlas haylas. No todo cambio supone ir a mejor, a veces los comienzos son duros, como sus músculos y los campos están llenos de agujeros. Su esposa ya no le soporta, bueno, no puede mirarle a la cara y es comprensible, su hijo, una sombra que solo hace de acompañante silencioso, pasa cada vez menos tiempo con él por causa de la separación y sus amigos aunque le siguen queriendo se dan cuenta del ridículo que hace cuando sale a la calle y todos los demás se ríen de su aspecto totalmente artificial y operado. Lo que antes era un infierno ahora es un infierno y medio con productores y directores que no quieren contar con él y que rompen contratos de trabajo a diestro y siniestro.

Cosas de la edad

Si alguien puede reconocer al hombre debajo de todo ese cuerpo es que tiene mucha imaginación porque en verdad la transformación física es completa ¡pero está ahí! Está en las cosas que dice y en el amor que todavía le profesa a su mujer por la que lo daría todo en Francia o en parte del extranjero, llegando incluso a ser un cazador de cocodrilos con roulotte propia.  Si bien la primera parte de Cosas de la edad resulta dinámica y cómica la segunda es más lenta y mucho más profunda, con un hombre-elefante que es la víctima perfecta de la prensa rosa y sensacionalista del país, un caramelito para cualquier paparazzi sin escrúpulos al que le importa poco hacer daño a un ser humano que solo quiere volver a encajar todas las piezas del mecano de la vida. Al final la noticia pasa de moda y el souffle baja y lo que antes eran llantos y pesares se convierten en futuros prometedores y promesas ciertas ¿ Serán imaginaciones suyas como en otras ocasiones o una realidad no paralela?

Por si acaso desaparecen con un chasquido Guillaume ha pensado en quedarse de recuerdo un bolso hecho con piel de caimán que regalará a la preciosa Marion.