Capitana Marvel, la coronel Maribel

Lo primero es lo primero. No querría empezar esta crítica sin antes mandarle un mensaje a los trolls boicoteadores de turno, a esos machirulos ofendidos, a aquellos pollaheridas que sienten su frágil masculinidad amenazada y a la horda de incels que ya directamente rozan la subnormalidad profunda. A todos estos y al resto de la lamentable fauna forocochera con los que tenemos la desgracia de compartir el planeta, tengo algo que decirles: ¿veis estos dos huevos que tengo aquí? Pues cuando queráis cogéis el tenedor y el cuchillo, que ya me los podéis ir comiendo. No os olvidéis el babero. Polémicas aparte, comentemos Capitana Marvel.

Capitana Marvel

Nada me gustaría más que poder callarles la boca de un plumazo a todos los detractores diciéndoles que Capitana Marvel es la mejor obra de la compañía. Que se trata de un peliculón incontestable. Que Disney lo ha vuelto a hacer. Por desgracia, las cosas no son del todo así y debo reconocer que me pasé la mayor parte de su primer acto temiendo que la calidad de la cinta terminase legitimando en cierto modo las quejas preventivas del sector más rancio y cretino de la población.

Por suerte, luego todo va bien. Más o menos. A ver. Os cuento. Joder, qué presión.

Cuando hace unas horas estaba comentando con un amigo los sentimientos encontrados que me despertaba, éste me dijo que muy mala tenía que ser «una peli de la Capitana Marvel luchando contra los Skrull en el espacio» para que no le gustase. Y razón no le faltaba. El problema, no obstante, no reside en que el film de Anna Boden y Ryan Fleck sea malo. Sencillamente, lo que ocurre es que no tiene casi nada que ver con la descripción de lo que mi amigo, y gran parte del público, espera de ella.

Y debido a una mera decisión estructural, al espectador le costará bastante hacerse a la idea de cuál es exactamente la clase de propuesta que nos han querido ofrecer sus responsables. No es hasta bien entrado el segundo acto cuando las piezas empiezan a encajar y la cosa a funcionar a pleno rendimiento. Pese al desconcierto inicial, se agradece el intento por parte de Marvel de evitar que la historia de Carol Danvers nos retrotraiga en exceso a su Fase 1. Se puede decir que, sin tanta anarquía de por medio, el guión de Capitana Marvel se acerca más al tratamiento que le quiso dar Deadpool al ya sobadísimo relato de orígenes superheróicos.

Yendo de menos a más, el libreto además se guarda unas cuantas sorpresas bajo la manga. Es cierto que hay algunas que se ven venir de lejos, pero otras que no tanto. La mayoría incluso me aventuraré a decir que cabrearán sobremanera al fan más purista. Pero, en líneas generales, se puede decir que funciona perfectamente a modo de precuela de todo lo visto hasta ahora en el Universo Marvel Cinematográfico y también como aperitivo de lo que se nos vendrá encima en la inminente Vengadores: Endgame.

Aun así, es complicado dejarse llevar del todo por la euforia comiquera cuando Boden y Fleck tienen la desfachatez de dejarnos para el recuerdo las peores escenas de acción que se han visto últimamente en el género. Rivalizando en ocasiones con las de aquel lamentable espectáculo que fue Escuadrón suicida. Se nota que es en los momentos de calma cuando sus directores se sienten más cómodos y donde aprovechan para lucirse. Lo malo es que lo hacen de una forma que creo que se le atragantará a más de uno.

Optando por alejarse al máximo del look del resto del Universo Marvel, la apuesta aquí es abrazar por completo la estética de película indie sacada de alguna edición de mediados de los noventa del festival de Sundance. Ninguna pega por mi parte, todo lo contrario, hasta se podría hablar de un agradecido soplo de aire fresco. Lo malo es que cuando tocan los pasajes en los que las hostias y explosiones hacen acto de presencia, del drama indie pasa sin solución de continuidad alguna a convertirse en una versión fea y low-cost de Guardianes de la galaxia.

Asumo que gran parte de estas escenas habrán sido realizadas por el director de segunda unidad, quien habrá obrado cual pollo sin cabeza y demostrando cero imaginación visual con un personaje que precisamente la pide a gritos. Carol Danvers se merecía mucho más.

Y es que la heroína encarnada por una espléndida y carismática Brie Larson tiene un tremendo potencial —tanto a nivel visual como psicológico— que su aventura en solitario no es capaz de aprovechar del todo. Por suerte, no tardaremos mucho en ver lo que han hecho los hermanos Russo con ella. En base a lo que vemos en esta primera incursión cinematográfica, poco me cuesta imaginar que Vengadores: Endgame consistirá en tres horas de la Capitana follándose a Thanos por el culo usando un arnés atado a un consolador. Y me parecería correcto.

Pero por mucho que Larson se coma la pantalla tampoco podemos obviar la presencia de un tremendo Samuel L. Jackson que no sólo demuestra una enorme química con ella —por favor, una buddy cop movie protagonizada por estos dos ya mismo—, sino que además su rejuvenecido Nick Furia es un prodigio increíble para los efectos digitales. Después de varias intentonas con mayor (Michael Douglas) o menor (Kurt Russell) fortuna, aquí se puede decir que por fin han dado en el clavo. 

Capitana Marvel

Ni valle inquietante ni leches, el lifting digital resulta imperceptible durante el 95% del metraje. Apenas nos chirriará en escena y media, lo cual resulta muy prometedor de cara a futuros usos más ambiciosos de esta técnica (como el que podremos ver este mismo año en The Irishman de Martin Scorsese). Poco me sorprendería que la mayor parte del presupuesto se hubiera ido en esto, a decir verdad.

Quien sale peor parado, por contra, es el pobre Clark Gregg. Nuestro querido Agente Coulson es una de las múltiples caras conocidas con las que nos reencontraremos, lo malo es que lo hayan convertido en un moñeco de cera en el proceso. Viendo el resultado final, casi habría salido más a cuenta invertir en varias capas de maquillaje, una peluca buena, una pinza en el cuello para estirarle la piel de la cara o ya puestos prescindir del personaje por completo. Más allá del guiño, la trama no se habría resentido por su ausencia ni lo más mínimo.

Lo que sí que no puede faltar en estos casos es un buen villano. Debido a la naturaleza de la historia, lo mejor será no decir más de la cuenta. Sólo os adelanto, y con el único objetivo de no crearos expectativas equivocadas, que aquí han preferido marcarse algo más parecido a lo que hicieron en Ant-Man y la Avispa antes que a tirar por la fórmula marvelita habitual. Esto para mí no es un handicap, pero quien busque una historia mucho más épica y grandilocuente quizá salga del cine con el morro torcido.

Con todo lo que estoy diciendo puede parecer que Capitana Marvel me ha dejado frío, o que incluso no me ha gustado. Pero no es el caso. Lo cierto es que cuanto más vueltas le doy, cuanto más pienso en ella, más me gusta y más ganas tengo de volverla a ver. Estoy seguro de que en un segundo visionado mejorará mucho más, sin el escepticismo que despiertan sus primeros minutos. Y es que, más allá de la tosquedad de sus set-pieces, tenemos un guión muy bien armado plagado de sorpresas y guiños para los fans de Los Vengadores. Y lo más importante: una superheroína que nos va a dar un montón de alegrías en el futuro. Su historia, por lo pronto, nos deja con un mensaje feminista que se pronuncia claramente en contra del mansplaining intergaláctico y que la verdad es que da gusto de lo bien escrito e integrado que está.

Que su inicio no os desanime: en cuanto Carol va descubriendo su verdadera identidad, la película también lo hace junto a ella. Y una vez lo consiguen del todo, nos lo pasamos fetén con ellas.

Ah, y además sale un gatete precioso.