Cadena perpetua, el tiempo pone las cosas en su sitio

En el año 1994 una pequeña producción de un director novel se coló entre las cinco nominadas a Mejor Película en los Oscars. Aquel fue el año de Forrest Gump y Cadena perpetua se fue de vacío. Pero nadie imaginaba que con el tiempo la primera obra de Frank Darabont lograría un hueco dentro del imaginario colectivo como uno de los grandes clásicos modernos, superando en el recuerdo a la oportunista y blanda cinta de Zemeckis. El caso es que ni siquiera fue un éxito comercial y la crítica pasó por ella de puntillas, destacando sus valores pero sin tampoco darle mucho empaque. Pero el tiempo pone a cada uno en su sitio y Cadena perpetua está considerada para muchos como la mejor película de la historia del cine

Basada en un relato corto de Stephen King, Rita Hayworth and Shawshank Redemption, el guionista Frank Darabont vio en esta historia carcerlaria la excusa perfecta para dar el salto a la dirección. Darabont amasó todos los tópicos de estas películas y los condensó como si intentase hacer la película de cárceles definitiva: así tenemos al alcaide malvado, los funcionarios corruptos y los presos carismáticos que bromean entre ellos con el hecho de ser inocentes. Pero el problema es que Andy Dufresne sí es inocente, al menos del delito por el que está condenado. Aquí encontramos uno de los grandes temas de la película: la inocencia y la culpabilidad de los personajes está en todo momento distorsionada y los buenos tienen sentimientos de culpa y los malos no. Aunque en realidad todos son culpables de algo. Y el secreto para dormir bien por las noches está en la búsqueda de esa redención que puede tener el cuerpo de Rita Hayworth o Raquel Welch.

Andy Dufresne enseña a sus compañeros de cárcel que se puede ser libre entre cuatro paredes y tras los barrotes de una celda. Que la prisión puede ser un estado mental del que escapar. Pero hay miedo a ser libre. Miedo al mundo exterior. Miedo a los otros y los demás. Andy monta una biblioteca y se encarga de educar a sus compañeros para que piensen por si mismos, duden, critiquen y se planteen las cosas y la vida. Algunos sobrevivirán, otros se rendirán al miedo a la libertad.

Y para acabar está la amistad. Ese sentimiento tan de ciencia ficción que funciona tan bien en el cine. La historia de amor y respeto que desarrollan Andy Dufresne y  ‘Red’ durante 30 años es como la de un padre y un hijo que aprenden el uno del otro pero sin mirarse por encima del hombro. Una amistad que derrocha comprensión porque comprender y no juzgar es lo que hace un amigo. Ponerse en tu lugar, tratar de ser tú y ver con tus ojos. Aunque no esté de acuerdo. Sin pedir nada a cambio, sin esperar ninguna recompensa. Y el premio llega al final debajo de una piedra muy rara junto a aquel árbol del condado de Maine donde se esconde el camino hacia la libertad, la redención y la amistad.

CADENA PERPERTUA SE EMITE ESTA NOCHE A LAS 22:30 EN CUATRO