Blackhat, amenaza en la red, entre la acción y la contemplación

Con la edad, como le pasa a muchos, Michael Mann se está radicalizando en sus propuestas. Si el anacronismo digital que proponía Enemigos públicos distanciaba lo suficiente como para que fuese difícil apreciar sus virtudes, en Blackhat, amenaza en la red propone un thriller tecnológico de gente mirando y tecleando en ordenadores con puntuales momentos de acción física.

Mann ya nos demostró hace 20 años como se podía y debía planificar cinematográficamente un tiroteo y en Blackhat, amenaza en la red vuelve a actualizar y reformular todo lo desarrollado en estas décadas: desde el enfrentamiento en grupo al cara a cara con el enemigo, Mann no deja de ser sublime en este aspecto demostrando una y otra vez quién es el maestro.

Blackhat, amenaza en la red

Pero sería muy aburrido, y poco propio del director estadounidense, volver a los mismos esquemas y limitar el propio talento. Por ello, Michael Mann se concentra en la otra vertiente que más le interesa: la representación de la amenaza y tensión cibernética, es decir, ese amasijo de código que aparece en una pantalla y que de repente tiene una consecuencia física en el mundo real. Para ello, Mann experimenta con la imagen y la narración, proponiendo en muchos momentos una abstracción visual que nos lleva a la conexión de estos dos mundos que en realidad son el mismo. Mann contempla con su tranquilidad habitual los rostros de los extremadamente fotogénicos Chris Hemsworth, Tang Wei y Leehom Wang mientras hablan incomprensiblemente sobre códigos, troyanos y demás cosas informáticas, y aun así quedamos fascinados por el juego de miradas y gestos que  propone, para recordarnos que detrás de lo inmaterial de los bits hay seres humanos.

Por desgracia, Blackhat, amenaza en la red, como película para el gran público que pretende ser, necesita de una trama que guíe a sus personajes de aquí para allá recorriendo medio mundo. Aquí es donde Mann se atranca, en parte porque su deseo de concretar lo menos posible le lleva a construir una historia difusa en la que los personajes y sus acciones son muchas veces incomprensibles. Aun así, Mann y su guionista Morgan Davis Foehl, mantienen un ritmo más que reseñable con varios golpes de efecto muy agradecidos.

Blackhat, amenaza en la red

Blackhat, amenaza en la red es un thriller a fuego lento que, aunque tenga sus momentos vertiginosos, está más pendiente de la trastienda de una guerra cibernética que plantea un problema a los cineastas desde inicios del siglo XX: cómo hacer atractiva una actividad tan estática como estar sentado en un ordenador. Nacho Vigalondo lo consiguió, Mann lo intenta pero sigue pagando el peaje de la acción en la que es un maestro. Démonos por satisfechos.

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