Bajo las estrellas de París, una realidad en la «rica» Europa

Ya forma parte del paisaje de la rica (?) Europa, sobre todo en las grandes ciudades: debajo de un puente, en un cruce de autopistas, entre matojos de parques públicos… vemos ínfimas chabolas y tiendas de campaña de inmigrantes abocados a la pobreza extrema y la supervivencia en condiciones deplorables. A veces, es una espera de incertidumbres hasta que llega la expulsión del país.

La historia de Christine es la de una mujer ya madura que se encuentra con Suli, un niño eritreo de ocho años que no sabe francés y enseña la orden de expulsión del país de su madre, a quien busca con desesperación. Christine es una sin techo que se refugia en un cubículo entre las instalaciones del metro y el Sena; pasa frío, camina mal con los pies destrozados y, de entrada, rechaza al niño. Pero Suli se pega a ella como una lapa porque no tiene a nadie. Finalmente, esta mujer se compadece y le ayudará a buscar a la madre. 

En buena medida, la ternura y sensibilidad de Bajo las estrellas de París desarman cualquier análisis crítico o juicio que pondere el valor estético de una película necesitada de mayor enjundia dramática y desarrollo narrativo. En efecto, la historia se queda prácticamente en una anécdota; y el tratamiento un tanto “dickensiano” tampoco ayuda. Quiero decir que el director se ha quedado corto si se trataba de un filme de denuncia y algunos momentos de humor parecen fuera de lugar en la medida en que diluyen esa denuncia. Tampoco ayuda, sobre todo en la primera parte, unas localizaciones en los muelles del Sena de la isla de la Cité que resultan un tanto preciosistas con cierto halo bohemio.

Pero estas dificultades, que dejan la película en un nivel medio e impiden aplaudir sin reservas el compromiso social que subyace a la historia, al final quedan en segundo plano frente a las claves emocionales del tratamiento. Es la baza que juega —y juega bien— el director, consiguiendo la adhesión del espectador y su empatía hacia personajes faltos de matices. Gran parte del peso del filme recae en Catherine Frot, tan espléndida como en La cocinera del Presidente. Tampoco lo hace mal el niño, con su mirada. Ambos nos conquistan en su deambular por una ciudad siempre hostil y su voluntad de supervivencia: a la postre, una pequeña historia que habla de una realidad muy fuerte.

Bajo las estrellas de París (Claus Drexel, 2020) ⭐️⭐️½

Bajo las estrellas de París (Claus Drexel, 2020)

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