Ardor. La justicia de los débiles

Ardor. La justicia de los débiles, venganza en la selva

Gael García Bernal, una de las figuras más ilustres dentro del panorama cinematográfico mejicano, produce e interpreta Ardor. La justicia de los débiles, un amazónico cuya estructura roza la abstracción y la metafísica. Ardor. La justicia de los débiles es sobre todo un relato sobre la en un páramo exótico e inhóspito en el que su voluntad estética supera con creces sus intenciones narrativas. Existen muchas lagunas y conceptos que no acaban de quedar claros dentro de la obra. Sobre todo relacionados sobre el origen y las intenciones reales de cada uno de los personajes.

Ardor. La justicia de los débiles

Ardor. La justicia de los débiles narra la historia de un joven chamán (Gael García Bernal) que aparece por arte de magia en una plantación de tabaco y es acogido por un hombre y su hija. Poco después de conocerse, unos deforestadores violentos interesados en la plantación irrumpen en el hogar obligando al padre a firmar un documento cediéndoles el terreno. Acto seguido lo asesinan y raptan a su hija. El chamán, que permanece escondido durante el crimen, se adentra en la selva con la intención de rescatar la chica y vengarse de los deforestadores. La narración se simplifica al máximo a la idea de proceso vengativo olvidándose de añadir matices que acaben de construir unos personajes que quedan totalmente planos y estereotipados. Desconocemos en todo momento los motivos personales que empujan a cada uno de estos personajes a actuar de la forma que actúan. Se mueven sistemáticamente cegados por unos objetivos inamovibles en parte a causa del peculiar ambiente en el que están atrapados. La densidad del bosque, el barro, los animales peligrosos, la niebla entre otros factores primitivizan el comportamiento de los protagonistas.

Uno de los puntos fuertes del film es su atractivo visual. La dirección de fotografía en los exteriores selváticos está muy elaborada y contribuye a realzar el aspecto de salvajismo en el que se basa la película. Pero la banalización y simplificación de la premisa original acaba relativizando todo el poderío audiovisual de la obra. De hecho, el relato vengativo pese a ser tratado de forma “poética” no está tan lejos de películas como Rambo o Apocalypto. Pero en estas obras la narración era algo más compleja y la imbricación con el espacio salvaje y natural más realista y coherente.

Ardor. La justicia de los débiles

Uno de los aspectos más interesantes de Ardor. La justicia de los débiles es la forma con la que adapta el género del western. Resume a la perfección dos de los conceptos básicos y primordiales de este, la espera y la venganza, despojándolos de cualquier adorno narrativo. Así, está la esencia de la estructura de un y precisamente por culpa de esta simpleza funciona vagamente. En cambio, películas como Jauja, que juegan también con la desestructuración y descomposición del género, si consiguen funcionar ya que satisfacen sus pretensiones gracias a una coherencia visual y narrativa que atrapan al espectador, coherencia que lamentablemente Ardor. La justicia de los débiles no consigue solidificar.

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