Amor, la intimidad de la decadencia

¿Michael Haneke haciendo una película sobre señores mayores? ¿Encima le gusta a casi todo el mundo? ¿Y además lo nominan a un porrón de Oscars? ¿Qué está pasando aquí? ¿Nuestro cineasta perverso favorito se ha ablandado y ha hecho una película para todos los públicos? Lo que ha pasado es que Michael Haneke ha bajado del olimpo de los dioses que miran por encima del hombro y ha realizado una película entendible, humana y tratando el que probablemente sea el tema más universal del arte: la muerte.

Un matrimonio ve como su amor es puesto a prueba debido al progresivo Alzheimer de ella. Poco más que contar. Sin más coartada, veremos el deterioro físico y mental de ella y la frustración y desesperación de él. Veremos un par de veces a la hija de ambos. Intuiremos que algo se pudrió por el camino con ella. Y no saldremos nunca del burgués apartamento.

Crítica película Amor

Los elementos que Haneke usa son simples, así como las situaciones que narra. Cualquiera que haya tenido en su familia a alguien enfermo reconocerá los momentos que se muestran y los sufrirá por esto. Haneke se mantiene fiel a su estilo formal y no toma partido con la cámara, manteniéndose siempre distante pero comprensivo.

El austriaco se muestra treméndamente pudoroso a la hora de enseñar la decadencia de esta pareja pero no por ello Amor resulta menos incómoda. Esta incomodidad viene del reconocimiento de saber que tarde o temprano nosotros seremos los protagonistas de esta historia. Y Haneke lo sabe. Sabe que un día nosotros seremos el enfermo decadente. Pero lo que más angustia es la incertidumbre de no saber si tendremos un Georges que cuide de nosotros y nos ame a pesar de todas las cosas.

Crítica película Amor

Porque esto va de amor. De ese manido en la salud y en la enfermedad tan vacío de contenido hoy día. La enfermedad nos llegará a todos en algún momento, a algunos antes que a otros, y no es cuestión de merecerla o no, simplemente llega. Es inevitable. Y lo mejor que nos puede pasar es tener a nuestro alrededor alguien que nos ame.

Que Haneke use elementos reconocibles por todos no hace ni mucho menos a Amor una película complaciente. Que nadie espere violines, lágrimas y ñoñerías. La narrativa de Amor es seca, la habitual de su autor. Mirar de frente a una realidad no es tan fácil como parece. Es ponerse un espejo delante y afrontar qué haríamos nosotros ante la degradación humana. Hay que ser valiente para ello. Por algo Haneke es la alegría de la huerta.

 

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