Alita: Ángel de combate, la niña de sus ojos

El que conozca la obra de manga Gunnm, de Yukito Kishiro, de los años 90 o el anime que lo adaptó titulado en España como Alita: Ángel de combate, está de enhorabuena. El gran James Cameron, amante de la ciencia-ficción, llevaba varios años detrás del proyecto para convertirlo en un film de acción real pero la falta de tiempo por el rodaje de las siguientes secuelas de Avatar hicieron imposible que se pusiera al frente de la dirección. Es por eso que dejó en manos de Robert Rodriguez la recreación de este mundo futurista del siglo XXVI que tiene como protagonista a una niña cyborg que es encontrada en un vertedero y reconstruida con un cuerpo que no es el suyo. El doctor Ido, un despistado Christoph Waltz, se encargará de este trabajo en su tiempo libre, aquel que no dedica a la caza de asesinos armado con su pico.

Alita: Ángel de combate

En este nuevo mundo destacan la ciudad flotante de Zalem, a donde todos quieren ir y Ciudad de Hierro, una urbe en donde se mueven como pez en el agua todo tipo de maleantes, gangsters como Vector o cazarrecompensas donde destaca el famoso Zapan acompañado de su mortífera espada. Todos ellos tienen como sueño poder viajar a Zalem, un lugar pacífico y paradisíaco en donde la tecnología moderna lo controla todo. 

Rosa Salazar, la niña con ojos grandes, interpreta a esta robot-humana que ha perdido la memoria y que no sabe nada ni de sus orígenes ni del entrenamiento que propició el dominio que posee sobre un arte marcial concreto, llamado Panzer Kunst. A través de cortos flashbacks intercalados en las escenas de acción comenzará a intuir una verdad que le alejará de todos aquellos que la quieren y que le acercará a un combate decisivo y final con un enemigo escondido entre las sombras. Para llegar a él debe pasar varias pruebas como un corto trabajo remunerado, de cazadora de asesinos, siguiendo órdenes de los Centinelas, unos robots parecidos a los ED-209 de Robocop o como corredora en los juegos de Motorball, un deporte mortal donde nada es lo que parece y los peligros acechan en cualquier lugar de la pista.

Alita: Ángel de combate, sale triunfadora en estos momentos, escenas cargadas de acción e hinchadas de adrenalina con veloces carreras y espectáculo en donde los efectos especiales brillan al son de los millones de dólares invertidos. En este blockbuster lo que más impresiona son las luchas y combates en esta arena cibernética y otros coliseos, como las calles oscuras o bares atestados de peligrosos especímenes cyber-punk. El resto es un relleno que solo sirve para coger aire y pausar la subida de adrenalina, como la historia doble de amor filio paternal o entre humano y robot, ejemplificada con Alita y Hugo, un mercenario callejero que se gana la vida robando piezas de metal a despistados cyborgs, de dudosa reputación. 

El motor que anda a las mil maravillas y ruge como el demonio en los combates baja las revoluciones cuando los arrumacos y las caricias toman la palabra o cuando se nos intenta explicar ciertas actitudes sin correspondencia en el tiempo. Los vacíos se multiplican y la lenta marcha ya es un hecho consumado. Lo que antes era vertiginoso, un fast and furious, sin coches pero con ruedas y fantasmadas cinematográficas, ahora tira como puede o sobrevive como los míseros y decadentes habitantes de Ciudad de Hierro. No hay escaladores que salten las trampas o se apoyen en paredes para dar su mejor y más certero golpe, solo melancólicas y románticas desdichas que acabarán posiblemente en tragedias metalizadas. 

Yo me apunto a lo primero, a lo segundo le hago una sonora pedorreta pues no es lo que se me ha vendido. Con una precisión cirujana agarro mi bisturí y separo las dos propuestas o aguas abriendo en canal este cuerpo sin memoria. Me quedo con lo excitante, rebosante de cafeína, incluyendo una fotografía y diseño de producción más que notable y rechazo el sentimentalismo de Alita: Ángel de combate conuna historia pespunteada a lo verdaderamente interesante con hilos muy finos.

Y es que Robert Rodriguez es así, un ying y yang de los opuestos que deja mal parados a unos y eleva a los altares a los otros. El equilibrio no es una de sus virtudes, tampoco le pone interés en cambiar ese rumbo ¡por ahora la queja no le provoca daños! Es una Alita que recupera la memoria cada diez o veinte minutos y descubre que no necesita evolucionar ni ponerse un traje nuevo de nanotecnología ¡con lo que tiene le basta y le sobra!