Agente doble, la fría Belfast de los años 90

En los años 90, y tras décadas de un gran silencio cinematográfico, surgió una oleada de cine irlandés que hacía especial hincapié en mostrar el complejo mundo del terrorismo del IRA. Películas conocidas por todos como En el nombre del padre de Jim Sheridan o Juego de lágrimas de Neil Jordan, más actuales como Hunger de Steve McQueen o El viento que agita la cebada de Ken Loach, pasando por Domingo sangriento de Paul Greengrass, también pretendían analizar las muchas veces cuestionables posturas del Imperio Británico a la hora de enfrentar. A esta nómina se une Agente doble, anterior película de James Marsh, director de La teoría del todo, que se ha estrenado esta semana tanto en cines como en VOD.

Situada en el año 1993, Agente doble, como su holgazán título en español indica, plantea la historia una joven que se ve entre la espada y la pared de tener que pasar información al MI5 británico. De este modo, tendremos las intrigas, dudas y conflictos propios de una tramas de espías bien construida contadas con calma, más atenta al desarrollo psicológico de los personajes que a las acciones de los mismos. Colette, interpretada por Andrea Riseborough, lleva la voz cantante de una historia donde la familia sirve como eje de la acción. La actriz británica, presente en Oblivion y Birdman, aporta su rostro siempre enigmático, que ayuda a que su personaje sea siempre un enigma al que no sabemos ver venir. Los nombres de los veteranos Clive Owen y Gillian Anderson acompañan a los pujantes Domhnall Gleeson y Aidan Gillen, en un reparto que demuestra que de nombres solventes no anda el cine británico escaso.

Agente doble

Para desarrollar la historia Marsh adopta un tono de tensa calma, apartando un poco sus ínfulas en el biopic de Stephen Hawking, y mostrándose austero y distanciado con la cámara. Salvando las distancias, Agente doble está más cerca del drama íntimo de Juego de lágrimas que del duro conflicto de Domingo sangriento. Aun así, se hubiese echado en falta algo mejor desarrollo en el personaje de Owen, al igual que en los hermanos de Colette, pero Marsh sabe dotar de atmósfera al relato y dosifica el ritmo en crescendo de forma solvente. Marsh aprovecha así los frío parajes de Belfast para conseguir que la narración se torne lánguida y morosa, hasta llegar a un duro y certero desenlace lleno de brío y ritmo.

Agente doble satisfará sobre todo a los interesados en completar una eventual filmografía sobre el IRA así como a los amantes de los buenos thrillers con sus leves dosis de política.

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