52 martes, cine independiente para la independencia sexual

Lo que mejor desprenden películas como 52 martes es el carácter amateur de las imágenes (no por ello poco profesionales) y sobre todo una voluntad de hacer algo diferente en el cine y de convencer al público más exigente. La australiana Sophie Hyde nos trae este fin de semana una obra cuyos primeros minutos ya resultan chocantes e interesantes al espectador. Billie, una de 16 años, descubre que su madre se siente hombre y quiere cambiar su género, y para ello necesita dejar de convivir con su hija. Durante el proceso de transformación Billie se quedará en la casa de su padre y acordará ver a su madre cada martes a unas determinadas horas.52 martes

Hyde nos propone dos innovaciones en cuanto argumento y desarrollo temporal de una película. En primer lugar se adentra en el proceso de transformación de un transgender de clase baja visto desde los ojos de su hija. Pero paralelamente a la transformación de su madre, Billie experimentará su propia mutación, experimentando sexualmente a la vez con dos adolescentes de diferentes sexos. El tratamiento de esta historia bastante insólita tiene un desarrollo temporal particular. 52 martes sufre constantemente saltos temporales y elipsis para centrarse en aquellos momentos más importantes de la relación entre Billie y su madre. El proceso que viven ambas es muy largo, por eso resulta acertada la decisión de diseccionar y resaltar los momentos clave de las protagonistas. 52 martes también es innovadora formalmente ya que distingue a través de la estética los dos tipos de transformaciones. Una cámara mínimamente estable acompaña a la madre de Billie durante su evolución; ella cree firmemente en lo que hace pese a las dificultades que se le presentan. El caso de la metamorfosis de Billie es totalmente diferente, es sucia, experimental, arriesgada…por esa razón es la propia Billie con una cámara casera la que se encarga de documentalizar sus vivencias.

Hyde se alzó merecidamente con el premio a mejor director en el pasado de Sundance. 52 martes cumple con todos los requisitos del buen cine independiente pero sobre todo con la idea de experimentar con el cine aunque los medios económicos sean pocos. 52 martes pese a pecar de demasiado dramatismo en algunas ocasiones es toda una profundización y estudio sobre la identidad sexual, mostrando los blancos y grises de la elección personal de cada uno de los protagonistas.

52 martes

Más allá de ser una apuesta formal, temporal y argumental innovadora, 52 martes cuenta con un gran reparto que hace creíble las vivencias y transformaciones de los personajes. La estética cercana al documental, antiguo campo de estudio de Sophie Hyde, ayuda a convencer al espectador de que lo que está viendo es real. En un momento en que la cartelera está monopolizada por grandes producciones, películas como 52 martes se merecen una oportunidad, no solo por las pequeñas, medianas o grandes innovaciones que puedan incluir sino sobre todo porque desprenden en cada imagen unas grandes ganas de hacer cine.

ATLANTIDA-FILM-FEST

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