23 paseos, los perros y el amor

Hará mal el espectador en dejarse llevar por el tráiler, la publicidad o la sinopsis que reducen este filme interesante a una películeja montada a partir de una idea (el encuentro e historia de amor entre dos personas maduras) y desarrollada con habilidad y “buen rollo”. Y hará mal, simplemente, porque se equivoca. 23 paseos son otros tantos encuentros de Dave, un enfermero jubilado, y Fern, una trabajadora social divorciada. Coinciden en el parque en el paseo diario a sus perros. Poco a poco surge una historia de amor, sereno y con miedos, pero amor que siempre es compañía, sobre todo a cierta edad en la que el puede esperar. Afortunadamente la película va más allá, porque cada uno tiene unas circunstancias: Fern no resuelve los conflictos con su ex y tiene que coincidir con él en una boda en Canarias; y Dave tiene su y va a ser desahuciado por impago del alquiler. 

23 paseos (23 Walks, Paul Morrison, 2020)

Tras el primer tramo en que parece que, efectivamente, la película se reduce a una cosita ligera y sabida, el relato alza el vuelo, se complican las situaciones y se abunda en cuestiones como la sinceridad en las relaciones de pareja, el cuidado de los hijos adultos, la supervivencia frente a la enfermedad de los seres queridos, la relación con los animales domésticos… en fin, de algún modo, cómo situarse en la vida para no hacer daño y amar. Casi nada.

Escribe y dirige (, 1944), un cineasta que no se ha prodigado mucho en la gran pantalla —se ha dedicado más a televisión— y que, al arriba firmante, dejó mal sabor de boca con Sin límites (Little Ashes) (2008), donde recreaba la Residencia de Estudiantes de los años veinte con el más famoso trío de huéspedes: Buñuel, y Dalí. Afortunadamente, esta nueva película resulta mucho más creíble, pertinente y entrañable. 

Que Morrison tiene oficio se percibe en la sorpresa y la ruptura en la relación de los novios a mitad de metraje, pero también con esos dos personajes no-personas que son los perros, que cumplen su función en todo momento, particularmente al final. Y con los familiares ausentes cuyo peso en el relato se evidencia por las dificultades que experimentan Dave y Fern. También saca partido de las frases en español que intercambian, justificadas porque lo dicho en otro idioma compromete de otra forma: muy bonito el “Bésame mucho” que Fern entona con puesta en escena incluida.

23 paseos (23 Walks, Paul Morrison, 2020)

Morrison consigue en 23 paseos un tono equilibrado, sin buscar el humor de forma artificiosa ni cultivar el (aunque la película lo sea) más allá de la fidelidad a lo real que el género exige; como también logra un ritmo adecuado y una interpretación ajustada en los dos veteranos protagonistas, sobre los que recae gran parte del peso de la película. 

No queremos despertar en el lector expectativas desmedidas: no es excepcional, pero deja un buen sabor de boca y trata al espectador como adulto. Cine independiente más allá del estrellato o la rentabilidad de un público de amplio espectro. Pero cine, cine (lo que, ahora mismo, no es poco). 

23 paseos (23 Walks, Morrison, 2020)

23 paseos (23 Walks, Paul Morrison, 2020)