Zooloco, un fraude en toda regla

 

Seamos realistas. Cuando uno va a ver una película como Zooloco lo mínimo que se espera uno es una chorradilla protagonizada por un gordo que se pone a hablar con animales: una mezcla entre Madagascar y Noche en el museo protagonizada por . Y vas consciente de que va a ser una soberana estupidez pero que si te dejas llevar y no te pones exigente hasta te puedes reír un rato. Todo eso es lo que sugieren los carteles, trailers y anuncios de Zooloco. Pero resulta que no. Que te han timado.

Zooloco es una especie de romántica donde el 80% del metraje consiste en que el guarda de un zoo quiere reconquistar a su chica y todas las triquiñuelas que usa para conseguirlo. ¿Y los animales hablando y provocando situaciones hilarantes? Pues eso me pregunto yo. Porque si quiero ver una comedia romántica para eso ya tengo a Drew Barrymore o . En total creo que hay sólo dos escenas de James haciendo el chorra con los animales en una película que se acerca a las dos horas de duración. El resto, pues ver a este hombre intentando recuperar a su novia mientras no se da cuenta que tiene a una chica mejor como compañera de trabajo.

Y este es el fraude. Cinco guionistas, Kevin James incluido, y en la producción para una aburrida comedia romántica que nunca debió ser tal. Además la película te mete un mensaje moralista de que tienes que ser fiel a ti mismo y tus convicciones que bien le hubiese venido aplicarse a sus creadores. Ellos mismos son los que se traicionan y en vez de hacer la película que se espera de ellos te hacen otra como si les diese vergüenza lo que podría haber sido Zooloco. No digo que tenga que ser una cosa sobresaliente pero si que me des lo que me estás vendiendo. Si a Kevin James le apetece hacer una película para hacer valer sus dotes actorales que lo haga y lo venda como tal. Sandler lo ha hecho en múltiples ocasiones y no le ha ido mal. Y cuando hay que hacer el canelo porque es lo que me apetece pues se hace y sin problema.

Ahí es donde, Eddie Murphy, por ejemplo, nunca ha fallado. Sus películas podrán ser las mayores chorradas sobre la faz de la tierra y ahí estaba él dando el callo. Pero lo peor que puede hacer un payaso es avergonzarse de serlo.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies