X-Men: Apocalipsis, artefacto sin sentimiento

 

Existe en el cine comercial actual una tendencia por la creación de grandes grupos de donde cuantos más personajes aparezcan, cuantos más poderes y habilidades llenen la pantalla de acción, mejor será el resultado. Algo que ahora mismo parece evidente tras la adaptación cinematográfica de Los vengadores y la aparición de sus múltiples secuelas en las que incluso las películas sobre personajes únicos se ven envueltas por está tendencia (Capitán America: Civil War es un gran ejemplo), ya era una idea presente en la adaptación de las películas de X-Men que empezaron su andadura nada más y nada menos que en el año 2000. En este sentido, los cómics y las películas de X-Men tienen algo que nunca podrán llegar a tener películas como , y es un fuerte sentimiento de grupo ya que fueron concebidos desde un inicio como tal. A los X-Men les une que son todos mutantes alienados y marginados por la sociedad, no son solamente sus objetivos sino los orígenes raciales los que les mantienen unidos y cohesionados como grupo. Este sentimiento tan imperante y tan importante es quizás el que más se hecha en falta en X-Men: Apocalipsis, la cuarta incursión de Bryan Singer como director y principal artífice de la saga cinematográfica.

X-Men: Apocalipsis

La precuela parte con todas las premisas para ser un delicioso caramelo para el espectador. De entrada, se trata de nuevo de una precuela, por lo que la presentación de personajes es prácticamente innecesaria. Aparecen por primera las versiones jóvenes de personajes muy queridos de las películas originales: Gin, Cíclope, Tormenta, Kurt Wagner… Y el antagonista es nada más y nada menos que Apocalipsis, probablemente el villano más peligroso y poderoso del universo después de Thanos. Pocas cosas podían salir mal en esta precuela tan deseada por los fans. X-Men: Apocalipsis consigue sustentarse por todos los atractivos mencionados pero no consigue sostenerse ni mucho menos por su estructura. El film abusa de una excesiva presentación de unos personajes y unos conflictos que ya conocemos a la perfección: la incapacidad de Gin de controlar sus poderes, el pasado del que no consigue despegarse nunca Magneto, la extraña relación de amor fraternal de Raven con Magneto y El profesor X…

A todas estas tramas, necesarias para situar al espectador pero excesivamente dilatadas, hay que sumarle el renacimiento de Apocalipsis y el reclutamiento de sus cuatro jinetes mutantes. El resultado es una película que se pasa la mayor parte del tiempo presentando personajes y conflictos. Esto provoca, en primer lugar, que ningún personaje despunte y establezca una relación empática con el espectador, y en segundo lugar, una eclosión de todos los conflictos en un poderoso clímax dilatado. Clímax en el que la lucha y los poderosos cobran un mayor protagonismo que los conflictos humanos. Estamos pues, ante una película que es un prodigio visual pero que es puro artefacto de entretenimiento, sin una base solida de conflictos humanos bien desarrollada detrás.

X-Men: Apocalipsis

X-men: Apocalipsis, es una película muy atractiva y entretenida pero que plantea por primera vez un problema al que puede que acaben tendiendo futuras películas de superhéroes: la presentación de tantos personajes cuyos arcos se desarrollan de manera demasiado superficial y banal. Esto puede verse claramente en el momento en la que la película abre todo un conflicto, toda una secuencia exageradamente gratuita que parece estar creada única y exclusivamente para la aparición de .

Queremos agradecer a Blogos de Oro la invitación al preestreno de X-Men: Apocalipsis, al que acudieron más de treinta blogs de cine así como sus lectores.

Carlos Murcia

A los 14 años descubrí mi pasión por el séptimo arte. Desde entonces nadie ha conseguido despegarme de la gran pantalla. Apasionado no solamente del cine sino también de las series de televisión, los mediometrajes, los cortometrajes, los documentales o cualquier tipo de representación audiovisual. Fiel devoto de Lars von Trier, admirador del cine japonés y de los grandes directores clásicos y de la modernidad. En definitiva, amante del cine como fuente de sabiduría con la que aprender y crecer como persona.

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