Viaje a Italia, divagando por el camino

 

Cuatro años después de su inicial The trip, el trío formado por los actores y (no confundir con Lord Byron) y el director vuelven en Viaje a Italia con un recorrido a la gastronomía italiana (aunque la película en realidad es de 2014, es decir, ha tardado dos años en ver la luz en nuestro país).

Viaje a Italia

Como ocurría en la anterior entrega la gastronomía acaba siendo lo de menos y lo que importan son las reflexiones personales de los dos amigos, sus imitaciones a célebres actores británicos (se incorporan , Roger Moore y a los ya conocidos Pacino, Caine y De Niro), divagaciones sobre literatura (Byron y Shelley como principales referentes vitales) y, sobre todo, sobre la condición del cómico ante su público, como persona y como personaje. Además, continúan los conflictos donde se cuestiona la propia masculinidad y la inevitable crisis propiciada por la cincuentena a la que ambos actores se enfrentan. Por supuesto, con ese título no podían faltar las referencias cinéticas que van desde la inevitable película de Rossellini a una descacharrante imitación de Marlon Brando por parte de Coogan (¿hemos dicho ya que se pasan media película imitando a otros actores?).

Winterbottom coloca la cámara con el simple afán de captar estos momentos entre la intimidad y la verborrea haciéndonos partícipes tanto de instantes patéticos (el affaire italiano de Brydon) como de otros llenos de ternura (Coogan con su hijo adolescente). En Viaje a Italia todo tiene una sensación de naturalismo nada impostado, como si observásemos por una mirilla a dos amigos que no tienen miedo a ser políticamente incorrectos, dejando de lado cualquier atisbo de contención.

Viaje a Italia

Y aunque Viaje a Italia no alcance las cotas del anterior , quizás porque no ha pasado demasiado tiempo, quizás porque ya no nos impacta tanto el formato, siempre es un placer recrearnos en el duo formado por Coogan y Brydon. Esperamos más viajes.

 

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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