Una historia de violencia, una pequeña gran historia

 

En 2005 David Cronenbrerg venía de rodar Crash (1997), eXistenZ (1999) y Spider (2002), tres pesadillas que no eran más que continuaciones y ampliaciones de todas las constantes de su filmografía. Pero con Una historia de violencia el director canadiense dio un aparente cambio de tuerca hacia un cine normal y más accesible. Si hay alguien que considera que esto es cine comercial pues bienvenido sea a las salas y que todo el público vaya a verlo.

La estrategia que usó Cronenberg con Una historia de violencia fue la más sensata a la historia que estaba contando: un tipo corriente de un pequeño y tranquilo pueblo de 3000 habitantes se ve obligado a usar la violencia para detener a unos tipos que entran en su restaurante. De este modo, Cronenberg usa una narración sin aspavientos, clásica podríamos decir, con la intención de que nos empapemos de todo este áurea de normalidad. La violencia, tanto física como psicológica, va impregnando a todo los personajes y la atmósfera se va enrareciendo. Pero a Cronenberg no se le escapa nunca de las manos el tono que quiere emplear y no desmadra el tema.

Esto no es un , esto es un drama. Y tal vez sea eso lo que descoloque a muchos. Añadida a esta aparente simplicidad narrativa, Cronenberg comete la osadía de no engolar la voz en ningún momento. En unos tiempos en los que si se va a hablar de grandes temas hay que soltar frases grandilocuentes, Cronenberg opta por un vuelo bajo en el discurso donde nunca nada es verbalizado y todo lo tenemos que leer en las portentosas miradas de Viggo Mortensen y Maria Bello: la violencia, la familia, el pasado que nos empuja a un destino, la traición y la esperanza. Todos estos temas los apunta Cronenberg sin despeinarse. Otro elemento más que hace parecer a Una historia de violencia es menos grande de lo que es.

Pero yo lo tengo claro. No solo es una de las grandes películas de su autor, es una da las grandes Obras Maestras de lo que llevamos de siglo. Una de esas películas que crecen con sus múltiples visionados. Uno de esos casos donde la apariencia de pequeñez esconde una inmensidad.

Una historia de violencia se emite esta noche en NITRO a las 22:00

 

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

  • Julio

    No podría estar mas de acuerdo, ademas es de esas películas de las que no se habla demasiado, que en su momento tampoco tenían demasiada promoción, justo como dices, apariencia de pequeñez, aunque a mi me gusta entenderlo como simplicidad.

  • Pingback: Cosmopolis, puro Cronenberg para bien y para mal | Cine en serio()

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