Un día de furia, la mosca cojonera

 

Un tipo está en un atasco. Una mosca le molesta. Hace calor. Todo el mundo espera. La cola de coches no se mueve. El hombre suda. De repente su mente hace clic, abandona el coche y toma el camino a su casa para ver a su hija el día de su cumpleaños. Durante el viaje se topará con un coreano, unos latin kings, unos dependientes de hamburguesería, un nazi, unos que juegan al golf… Todos ellos le irán sacando de quicio más y más.

Por otro lado tenemos a un veterano policía del que todo el mundo se cachondea porque no quiere salir a las calles y prefiere estar detrás de una mesa. El agente Pendergast detecta al señor que la está liando parda por las calles de Los Angeles y se pone manos a la obra en su último día de trabajo. Además tiene a su mujer al teléfono todo el tiempo dándole la brasa con que vuelva a casa.

Un día de furia plantea dos modos de enfrentarse a las adversidades de la vida. El personaje de (espléndido) podría ser cualquiera de nosotros si un día perdemos el juicio. Al final no deja de ser alguien que cae (Falling Down es el título original de la película). No es ningún héroe. Es simplemente alguien que ha perdido su trabajo, que no puede ver a su hija, alguien obsoleto, una persona que no es enconómicamente viable.

Es curioso ver como una película de hace 20 años puede hablarnos en un extraño tiempo presente. Este señor desesperado podría ser una de las múltiples personas en una situación límite de las que existen hoy día. ¿Qué genera este desequilibrio? ¿Es D-Fens un producto de la sociedad o simplemente un hombre enfermo que necesita ayuda? Me comentaba Enreas en twitter si God Bless America tenía algo que ver con esta película y la verdad es que en cierto modo nos habla también de una forma de enfrentarse a la mediocridad.

Día de furia es en cierto modo una película muy políticamente incorrecta. El engaño al que nos ha sometido la sociedad nos hace actuar de forma violenta. Y no os hagáis los inocentes. Seguro que alguna vez habéis tenido ganas de pegarle un palo a alguien y seguro que alguna vez habéis querido montar el pollo en el McDonalds cuando la mierda de hamburguesa que os han puesto no tenía nada que ver con la de la foto.

 

Un día de furia se emite esta noche en La Primera a las 00:30

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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