Torrente 4, una implicación total del espectador

 

es una película de autor pura y dura. Aquí el colofón se plantea de manera explícita: por más que los turiferarios de la modernidad no dejen de darnos la tabarra con sus cantos al progreso, con los “prodigios” de la ciencia y de la técnica y las supuestas excelencias de la democracia y el humanismo contemporáneo, para cualquier mente no completamente obnubilada por la estulticia homicida de los medios de comunicación, el mundo se hunde, día a día, en las tinieblas. Ya no es posible mantener encendida la llama del espíritu: Pero la luz y el calor huyen definitivamente de este mundo. La menospreciada narrativa de Simenon plasma con radical economía y sin retórica un duro retrato del hombre, de la parquedad de su existencia.

Lo sobrenatural es que Torrente 4 funcione, y de qué manera, aunque requiere una implicación total del espectador. No es cine narrativo per se, hay un hilo argumental pero no hay desarrollo en un sentido estricto, así que hay que saber lo que se afronta: planos larguísimos, una experimentación formal en lo referente a la medición de los tiempos, perfectos encuadres complementados por una soberbia fotografía, que a medida que avanza el film gana en complejidad, etcétera. Y no pasa nada si te aburres un rato. El film suma crimen, drama, y misterio.

El protagonista, Torrente, es un hombre simple e ingenuo, con una vida de rutinas en la que nunca ocurre nada. Se ha acostumbrado a no pensar, no sentir, no emocionarse, no dudar y no saber. Los hechos ocurridos durante sus días en la cárcel le trastornan y le mueven a actuar. Por primera vez en mucho tiempo siente la necesidad de hacer algo fuera de lo común, pero no lo sabe definir, ni concretar autónomamente. No distingue entre lo correcto y lo incorrecto, lo propio y lo impropio, lo oportuno y lo inoportuno.

Quien sea seguidor de la obra de Segura podrá observar con entusiasmo que Torrente 4 sigue presentando las características que su cine siempre ha poseído: Esos extraordinarios planos, el eficaz uso de la banda sonora, su forma de usar el encuadre que es única, etc. Por tanto queda patente que ha sido y es fiel a su estilo, y eso es de agradecer en el panorama del cine actual, donde muchos se venden y pierden su estilo pasándose al cine comercial. Tenemos la suerte de que Segura sigue haciendo su mismo cine, arriesgado, personal, de ritmo lento y pausado, y que no tiene término medio: o lo amas o lo odias.

Segura mantiene la base de intriga y la estetiza, intenta elevarla a misterio, con un lenguaje peculiar, muy elaborado en su simplicidad. Pero lo dicho, no es para todo tipo de paladares. Literalmente estremecedor, incluso en el recuerdo.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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