Tom of Finland, revolución gay para todos los públicos

 

Es más que probable que la figura de Tom de Finlandia sea una completa desconocida para los heterosexuales militantes. El carácter homoerótico de su obra le abrió muchas puertas dentro del nicho de los años sesenta, pero le cerró la entrada a un mundo dominado por la imagen heteronormativa y nada habituada a la representación gráfica de actos homosexuales. Tom of Finland nos cuenta la historia de Touko Laaksonen que desde su apartamento de Helsinki revolucionó primero la escena gay estadounidense y posteriormente la de todo el mundo.

Tom of Finland

La película de Dome Karukoski, autor de El gruñón, sigue punto por punto el manual de para todos los públicos componiendo una película que quiere ser más didáctica que reivindicativa. Karukoski detalla un Finlandia nada tolerante con la homosexualidad que obliga a Laaksonen a vivir en la oscuridad. Ni siquiera su hermana, su ser más querido, es consciente de quién es realmente Touko. Será en Estados Unidos donde nacerá Tom de Finlandia: sus bellas imágenes de hombres fornidos, lejos de la imagen plumífera que el resto del mundo tenía de los gays, revolucionarán las publicaciones homosexuales, así como los bares donde sus imágenes en forma de posters llenarán las paredes.

Todo esto es mostrado en Tom of Finland con enorme pulcritud, dejando la explicitud a la obra del dibujante, del que vemos brevemente algunos de sus dibujos. En cierto modo la estrategia de Karukoski es clara: su película quiere llegar a una amplitud de público que, lo más probable, sea poco receptivo a imágenes de hombres hipermusculados realizando sexo explícito o mirándose con deseo; por ello, la película resulta algo pacata en sus imágenes, contradiciendo en parte las intenciones de Laaksonen: visibilizar, y a su vez idealizar, situaciones, con escasa sutileza, usando estereotipos machos como policías, marineros, albañiles, leñadores y mucho cuero.

Tom of Finland servirá para que muchos espectadores descubran esta figura esencial de la cultura gay de fin de siglo, aunque nos dejé la sensación que su director no ha sabido (o querido) poner toda la carne en el asador.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies