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The Artist y The Tourin Horse, vida y muerte del cine

The Artist y The Turin Horse representan dos visiones totalmente opuestas de lo que el llamado cine de autor creo yo que debe ser. La búsqueda de una originalidad, un nuevo discurso o la experimentación parecen ir cogidas de la mano de este tipo de cine y parte de verdad hay en esta afirmación. El problema surge cuando en aras de este modernismo los cineastas optan por un todo vale, dando la espalda al público que, en el fondo, es quien debe disfrutar con el cine.

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The Artist es una propuesta radical. La historia de un actor de cine mudo que ve cómo su mundo cambia con la llegada del sonoro. Esta historia ya nos la habían contado en películas como Cantando bajo la lluvia o El crepúsculo de los dioses, nada nuevo. La originalidad de The Artist es que es una película muda, como si se hubiese rodado en la época en la que se desarrolla. La originalidad tiene su gracia pero esto se tiene que sustentar por algún lado para que no quede en una mera excusa formal sin fuste. Y aquí es donde la inteligencia cinematográfica de Michel Hazanavicius nos regala uno de los más bellos homenajes al Cine que recuerdo. Con tremenda agudeza y luminosidad el director francés va engarzando hallazgos visuales, sonoros y referenciales al ritmo de una música que no para de sonar y que nos lleva de la sonrisa a la lágrima con pasmosa facilidad. Todo el cine mundial se da cita en The Artist: Hitchcock, Lubitsch, Tati, Buñuel, Kelly, Wilder, Chaplin. Ya hablaremos más largo y tendido de ella cuando se estrene el próximo 19 de diciembre.

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En cambio, The Turin Horse es áspera, dura, seca y plomiza. Esto no tiene por qué ser negativo. El cine está lleno de películas que intentan llevar al espectador a las zonas más oscuras de su alma. El problema es que alguien dijo una vez que Bela Tarr era un genio, éste se lo creyó y, a partir de aquí, todo es cuesta abajo. The Turin Horse es cine condescendiente y antipático con el espectador y, a su vez, conformista y poco exigente consigo mismo. Tarr tiñe de gravedad la historia de un padre y su hija que hacen tiempo en su granja para escapar con su caballo de un vendaval que les acecha. La música es grave, la voz del narrador es impostada y la fotografía es en un contrastadísimo blanco y negro. Que nos quede bien claro que esto es importante. Vemos a los personajes asar y comerse una patata en eternos planos secuencia que harán las delicias de los adoradores de Bela Tarr y desquiciarán a los amantes de una buena elipsis. Y así llegamos a las dos horas y media de cine muerto por su autocomplacencia. The Turin Horse se estrenará en diciembre en las salas españolas. Espero que todos los fans de Bela Tarr, que tienen que ser mogollón, hagan cola para comprar su entrada.

Las otras dos películas que hemos tenido oportunidad de ver, la española Las olas y la rusa Heart’s boomerang, tienen muchas cosas en común aparte de la juventud de sus autores. Ambas tienen buena intención a la hora de presentar a dos personajes deshubicados pero fallan en el desarrollo.

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Las olas cuenta la historia de un viudo que luchó en la guerra y quiere volver al sur de Francia donde luchó. El buen hacer de Carlos Álvarez-Novoa no es suficiente para levantar un relato al que le falta evolución y se acaba tornando cansino. Ni los personajes que va encontrando son lo suficientemente interesantes y las situaciones se alargan innecesariamente. Es una película con un serio problema de montaje donde los planos se parece que se extienden sobremanera con la única intención de llegar a los 90 minutos.

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Por su parte, Heart’s Boomerang narra el día a día de un joven al que le diagnostican una enfermedad terminal y le dicen que le quedan unas semanas de vida. El deambular de Kotsya por Moscú es todo lo que vemos: va a su trabajo como técnico de ferrocarril, va su casa, va a casa de su novia, va a una fiesta y así… No le dice a nadie que se va a morir y ya está. Llega un momento que el director decide de que es hora de acabar la película y salen los créditos y te quedas con cara de WTF. El cine de autor es lo que tiene.

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