Si no nosotros, ¿Quién?, mirando al pasado para construir el futuro

 

Una pareja de jóvenes idealistas alemanes son los protagonistas de Si no nosotros, ¿Quién? Él, escritor, hijo de un colaboracionista nazi, ella, proveniente de una familia burguesa se enfrentan a las diferentes formas de actuar de sus padres durante el Tercer Reich fundando una editorial. La evolución de la pareja durante los años 60 y 70 nos mostrará cómo él mantiene su idealismo de cambiar la sociedad a través de la literatura mientras ella abrazará postulados cada vez más radicales, cercanos al terrorismo.

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Si no nosotros, ¿Quién? es la primera película del documentalista alemán Andres Veiel y está basada en hechos reales lo que, sin duda, aporta un mayor interés a lo que cuenta. La trama, centrada en el descontento del individuo con la sociedad que le rodea, no deja de tener un gran componente de actualidad en los tiempos convulsos y de crisis que vivimos. El intento de rebelión contra el sistema de los protagonistas es obviamente anacrónico actualmente pero el espíritu debería ser el mismo.

Veiel contrapone diferentes formas enfrentarse al sistema y cómo los dos protagonistas irán eligiendo diversas opciones hasta alejarse el uno del otro. Bernward se mantendrá en unos postulados inocentes donde la cultura, y más concretamente la literatura, deben ser el motor de la revolución; Gudrun se irá radicalizando cada vez más hasta extremos violentos. De fondo, una bella historia de amor y comprensión hacia los personajes y grandes interpretaciones de los jóvenes August Diehl (Premio a Mejor Actor en el Festival de Sevilla) y Lena Lauzemis.

Debido a su inexperiencia, Veiel se pierde un poco en un exceso de subtramas que, sin llegar a aburrir, hacen que la película pierda fuelle en ciertos momentos. Sus 120 minutos son claramente excesivos y es de estas películas a las que le harías falta un buen peinado en la sala de montaje. A pesar de esto, una propuesta muy interesantes y una buena lección de historia que nos recuerda que no está de más mirar al pasado para ayudar a construir nuestro futuro.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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