Shame, el sexo como luz y pozo sin fondo

 

Da gusto ver cuando las previsiones que uno hace se cumplen. En la crítica de X-Men: Primera Generación escribí lo siguiente sobre Auguro un gran futuro a este actor si no se tuerce en sus decisiones. Y eso que en ese momento no tenía ni idea de la existencia de la película que nos ocupa y que le valió la Copa Volpi al mejor actor en el . Un tanto para mí.

En Shame Fassbender interpreta a triunfador yuppie neoyorquino adicto al sexo. Y poco más se puede contar. Vemos su entorno laboral, sus fallidos intentos de vida social y su deficiente relación con su hermana, encarnada por una inmensa . Parece que Brandon sólo encuentra paz en la satisfacción de sus deseos sexuales y cualquier atisbo de profundización sentimental le provoca rechazo. Y la película nos sumerge en una espiral de soledad infranqueable a través de la mirada llorosa de Fassbender.

Poco importan los porqués de la oscuridad vital de Brandon donde el sexo es la luz y el pozo sin fondo al mismo tiempo. Shame opta por el relato entre abstracto e impresionista con el fin de conseguir un distanciamiento que nos impida cogerle cariño a su personaje protagonista. De este modo, , el director, salva el escollo moralista judeo-cristiano que el sexo siempre lleva implícito aunque no queramos. Lo vergonzoso del título no es el sexo en si sino la mirada del otro al verte desnudo emocionalmente.

Película difícil e incómoda a la vez que hipnótica y terriblemente humana, Shame nos habla del abismo de la soledad y la dificultad de enfrentarnos a nosotros mismos. El sexo es una muy bien usada excusa narrativa (podría haber sido la adicción a cualquier otra cosa aunque ya sería otra película) para contarnos algo más. Si vuestra única intención es ver carne y admirar el pene de Michael Fassbender os podeis ahorrar los euros.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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