SEFF’17 Sección Oficial: BARBARA, la ficción de la cantante

 

El cine de Mathieu Almaric siempre se mueve en un terreno entre la experimentación narrativa y la humildad del cineasta que parece que solo quiere jugar con el medio. En su nueva película plantea un inusual biopic de la cantante y compositora Barbara, interpretada por la siempre excelente Jeanne Balibar.

BARBARA

Un director de cine, interpretado por el propio Almaric, planea un biopic sobre la célebre artista entre la presión de no saber como enfrentarse a la monumental tarea y la seguridad de tener un material expresivo con enormes posibilidades. Ya aquí Almaric propone una más que interesante reflexión sobre el oficio del cineasta y la responsabilidad de su obra, sobre todo al intentar hacer justicia a la inmensa Barbara. Por supuesto asistimos a los momentos del rodaje de la película donde extraemos toda la información necesaria sobra la vida de la cantante, sus delirios de diva y su deseo de dar siempre lo mejor de sí misma.

Almaric transita entre la realidad de la biografía y la puesta en escena de la película que se está rodando con un narración impresionista. Los momentos musicales, estrictamente necesarios no solo para disfrutar de las bellas melodías de Barbara, nos ayudan al desarrollo del personaje de la cantante y de la actriz que la interpreta tanto en la ficción de la cinta como en la misma película que estamos viendo.

Aun así hay que reconocer que el recurso de mezclar ficción y realidad se ha convertido ya en una fórmula que no solo se reduce al cine más mainstream, sobre todo en el cine de festivales, que da a cualquier película un halo de calidad que en el caso de Barbara nos hace verla con ojos de interés, aunque en ciertos momentos juegue demasiado con el recurso dejando una impresión agradable aunque algo vacía.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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