SEFF2015. El cuento de los cuentos, las vísceras del cuento de hadas

 

Tiene el peligro El cuento de los cuentos, la nueva película de Matteo Garrone de confundirse con ciertos productos europeos con reparto internacional y tufillo barato de a medio cocinar. Casi mirarla de refilón y hacer creer a algún despistado espectador de que se trata de una de esas cintas que aparecen un domingo en la sobremesa mientras haces zapping en la tv y piensas: oh no, coproducción. La amenaza es tangencial, aquí hay algo más, aunque siempre ande en la cuerda floja.
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El director de Gomorra y Reality se despoja de su barniz neorrealista y seco para profundizar en el terreno de la fantasía, los cuentos y las fábulas de ensueño. Sin embargo la carga naif que arrastran este tipo de historias de magia y cuentos de hadas, no le impide envilecer el género y aplicar alguna capa de violencia, oscuridad y malestar. Aunque no demasiado. Y este es el problema, lo que podría haber sido una audaz revisión de ese hortera y cándido mundo de leyendas medievales se queda en la superficie, y nunca llega a atreverse con ese camino oscuro que se abre en el bosque que le daría la posibilidad de desenmarañar el reverso grotesco, de terror, putrefacción y pesadillas que encierra cada cuento.

El cuento de los cuentos

Si pasamos por alto todo esto, la película es disfrutable a algunos otros niveles. Garrone se afana por lo estético, el encuadre perfecto, y lo visual por lo visual (casi en un intento por ser más Sorrentino-style que él mismo). La secuencia de la lucha del rey con la bestia marina es un pequeño islote de belleza, tensión y angustia al que pocas veces más recurrirá la película a lo largo de su estirado metraje. Eso sí, si te pierde este tipo de género, las historias entrecruzadas de estos tres reinos de tierras lejanas pueden tener su interés: reyes chalados, princesas aguerridas, ogros con corazón, brujería, saltimbanquis, hechizos y una pulga. Y aunque el fluir de la narración de los entresijos de estos tres castillos resulte deslavazado, poco compensado y a veces farragoso, es ideal para ver en familia, sin grandes sobresaltos (siempre y cuando no te importe que devore unas visceras) y sin el riesgo del estereotipo de princesas de color de rosa que solo buscan buen casamiento.

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