Festival de San Sebastián, día 4: LADY MACBETH, PLAYGROUND, THE GIANT, COLOSSAL y BIGAS X BIGAS

No hay nada como llegar a mediados de un festival de cine y comprobar que el balance está siendo positivo. Por suerte, en el Zinemaldi de este año así está siendo: La balanza se está decantando del lado del buen cine, aunque en esta carrera, como en todas, está habiendo grandes topetazos. En este cuarto día hemos disfrutado de monstruos asiáticos, gigantes que juegan a la petanca y relatos shakesperianos. Os lo contamos todo sobre Lady Macbeth, Playground, The giant, Colossal y Bigas X Bigas

Lady Macbeth ***

Cuando alguien dice “ con tintes shakesperianos” lo que realmente quiere decir es “De aquí no sale vivo ni el apuntador”. Lady Macbeth, ya desde el título, anuncia que la cosa para nuestra protagonista y sus amigos no va a acabar bien. Y así es: Crímenes, traiciones, asesinatos, giros inesperados y pasiones prohibidas se verán entremezclados en este drama la mar de entretenido filmado con mucha solvencia por William Oldroyd.

lady macbeth

Oldroyd, experto en filmar planos generales de una gran belleza, presenta una narrativa muy teatral pero que funciona a la perfección en cuanto los giros de guión se unen a la trama, algo hermética en sus primeros compases. ‘Lady Macbeth’ habla de la decadencia del ser humano, de los límites de la decencia y de, sí, la liberación de la mujer del yugo machista. Es una película honesta, interesante y fresca, que, si bien no ofrece nada que no hayamos visto, al menos sí remueve un poco la hasta ahora hierática sección oficial.

Lady Macbeth reúne con acierto los tópicos de y los pone al día de una forma simple pero efectiva, que apenas hace aguas gracias a un ritmo rápido y potente y un guión repleto de giros más o menos sorprendentes que, pese a todo, nos dejan un ligero regusto a una película con pocos momentos novedosos que ofrecernos.


Playground ** ½

Y con Playground llegó la polémica. Si anteriormente películas como Nocturama ya trajeron el debate sobre la sobreexposición de la violencia en las películas actuales, Playground se balancea tanto en el límite que no son pocos los que la han calificado de “obscena”. En mi opinión, no es tanto obscena como cobarde. Aunque abre un debate, no entiende por qué lo está abriendo ni cuáles son las consecuencias. Y se nota mucho en esa escena final en la que la cámara se aparta de los protagonistas para mostrarnos la violencia desnaturalizada. ¿Cuándo la violencia en el cine deja de ser estremecedora para pasar a ser un simple espectáculo?

playground

Playground nos presenta a tres personajes adolescentes, cada uno con su propia situación vital complicada, en un inicio potente. Después, encuentra su momento más inspirado en la quinta historia, en la que una niña poco afortunada físicamente se declara a uno de los chicos malos del colegio. Un momento turbio, duro de ver, pero triste y amargamente realista. El director, Bartosz M. Kowalski, toma aquí la opción de contar la historia desde cerca, mediante primeros planos entrecortados y sobrecogedores, para pasar después, posiblemente inspirado por Elephant, a seguir la rutina de estos dos niños. Lo que ocurre después es tan inexplicable como innecesario, perturbador y fascinante.

La escena que dará más de qué hablar en Playground es obscena. Es innecesaria. Es horrible. Y lo es no por la escena en sí, sino porque la película no te prepara para dicha escena. Es dura precisamente porque los personajes no deberían hacer lo que hacen. No tienen ningún motivo para ello. Esta falta de personalidad de los personajes es también, precisamente, lo que hace a la escena más terrorífica: cualquiera puede incurrir en un acto de violencia tan terrible como el que el film nos muestra. No apta para todos los públicos, cobarde, brutal, innecesaria, obscena. Se le pueden poner mil adjetivos, pero al final Playground ha conseguido su objetivo: crear una polémica forzada y que se hable de ella. Ya es más de lo que han conseguido la mayoría de películas de la sección oficial.


The giant **

Hay películas en las que hay que comprar su premisa delirante o, de lo contrario, jamás podrás entrar. Es el caso de The giant, la película que sigue a un autista con la cara deforme (muy al estilo de El hombre elefante o el Caraculo de Predicador) alejado de su madre y que practica con su equipo de petanca, deporte en el que es lo suficientemente bueno como para llegar a un torneo internacional. Ah, sí, ¿he mencionado que, entre medias, nuestro protagonista se convierte en un gigante?

the giant

The giant no es una mala película en absoluto, pero cuesta entrar en los eternos partidos de petanca (con reminiscencias de Oliver y Benji, por cierto), las escenas del gigante que parecen llevar a nada y algunos diálogos repetitivos y extraños. Pese a sus problemas de guión y de presentación, es una película visualmente curiosa que no deja de entretener en ningún momento. Plásticamente, los brillan lo suficiente como para que nos creamos lo que nos quiere contar, y la dirección, aunque algo torpe (producto del bajo presupuesto del filme), funciona de forma solvente.

En The Giant hay una película soberbia, pero hay que rascar mucho entre las capas más mediocres. Tristemente, se queda en un bonito cuento que no da para mucho más. Eso sí, nos deja con el buen sabor del partido de petanca con más de la historia.


Colossal ****

Nacho Vigalondo es un cineasta de ideas: Todas sus películas nacen de una idea, que se puede expresar en una línea o en un párrafo, genial. Única. Diferente. Vigalondo no hace sus películas para la vieja guardia de la crítica que, serios en sus poltronas, no van a entender una palabra de lo que les quiere contar. Vigalondo hace su cine para los millenials, para aquellos que entienden que el cine es arriesgarse a contar cosas nuevas, es mezclar tus referencias para crear algo nuevo. Y, tras tres intentonas más o menos fallidas, al fin el español ha dado en el clavo con su cuarto trabajo, Colossal.

Colossal

Colossal no es una película de monstruos japoneses gigantescos: es una película que habla sobre el maltrato psicológico. Nacho Vigalondo no ha querido contar lo mismo de siempre, no ha querido hacer un al uso. Se ha centrado en narrar un problema grave de la actualidad desde una óptica postmoderna que le sienta estupendamente. Como director ha subido muchos enteros (solo hay que comparar los niveles de producciones de Los cronocrímenes y de Colossal) y como guionista ha logrado al fin encontrar un punto medio entre la autoparodia (ojo al guiño a la generación Youtube) y la seriedad propia de una producción estándar.

Es cierto que tiene bajones de ritmo muy irregulares (sobre todo en su segundo acto) y que la explicación del asunto no convence en absoluto, pero este filme viene a sublimar el talento de Vigalondo: Si te gustan las locuras del santanderino, estás de enhorabuena. Si le odias y crees que todas sus películas son un simple desfile de su ego, no.

Personalmente creo que con Colossal ha demostrado ser versátil y que sabe tratar temas necesarios desde una perspectiva propia, sin caer en lugares comunes, y no es fácil. Ya hay ganas de ver su quinto largo.


Bigas X Bigas

Hay películas que no. Bigas X Bigas sufrió un goteo de gente durante los primeros veinte minutos al que un servidor se unió. Una tomadura de pelo, un ejercicio de egolatría, una tontería, un videoblog hecho película, el extra de un DVD sin demasiado interés. ‘Bigas X Bigas’ es la película que nadie había pedido. Una vergüenza de presentación, por mucho que esté en la sección oficial a no concurso. Vergonzoso.

bigas x bigas

Además, también tuvimos la oportunidad de ver, en Nuevos Directores, A taste of ink, un filme sobre el triángulo amoroso entre un joven, su padre y la novia de este, que culmina de una forma totalmente delirante. Antes de este loquísimo tercer acto, la película es bastante sólida sin destacar especialmente en nada más que la conmovedora actuación de su protagonista, Kevin Azaïs.

¡Mañana, el día 5 nos espera!

RANDY MEEKS

Come and watch the fatty kid with a steadily declining mental health, and laugh as he attempts to give you what he cannot give himself.

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