Rodin, un biopic sin alma

 

El interés de un biopic reside en dos pilares fundamentales: conocer detalles de la vida del personaje que desconocíamos hasta ese momento y ver a ese personaje en movimiento, haciéndonos creer que eso que vemos en pantalla es en realidad la vida de esa persona. Y en la historia del cine hemos tenido brillantes películas basadas en personajes reales como Uno de los nuestros, Una mente maravillosa, La red social, Atrápame si puedes, El discurso del rey, Amadeus o El hundimiento, por citar solo algunas. Y estas películas funcionan porque o bien el personaje es lo suficientemente interesante para atrapar al espectador o bien lo es su historia y cómo está contada. Pero me temo que en el caso de Rodin no sucede ninguna de estas cosas.

Rodin

La película retrata la vida de un Rodin de 42 años interpretado correctamente por Vincent Lindon, al que le persigue la (mala) fama después de los rumores de que su escultura “La edad de bronce”, que representaba un hombre a tamaño natural, había sido hecha a partir de un molde sacado directamente de una persona y no de un molde de arcilla. A pesar de ello, en el comienzo de la película vemos cómo se le encarga la creación de una puerta que represente la obra La divina comedia de Dante Alighieri y que dará lugar a “La puerta del Infierno”, quizá la obra más importante de toda su carrera. Y en este punto aparecerá su aprendiz y amante Camille Claudel, interpretada por una muy convincente Izïa Higelin, a la que ya vimos en otro notable papel en Un amor de verano y a la que hay que seguir muy de cerca.

Las casi dos horas de película transcurrirán lentamente para el espectador entre el taller de Rodin haciendo que hace alguna obra cuando se las encargan o se le ocurran (veremos la creación, entre otras, del busto de Víctor Hugo, Los burgueses de Calais o El monumento a Balzac) y los problemas amorosos que se producen entre Camille y él por culpa de Rose Beuret (interpretada por Séverine Caneele), la compañera de toda su vida y madre de un hijo al que no reconocía. Más allá de su pasión por las catedrales o las formas de los árboles y las nubes, la película nada nos dice de su ingenio creador, que sería otro de los puntos clave en una película sobre la vida de un artista como Rodin. ¿De dónde le viene la inspiración? ¿Cómo es su proceso creativo? No lo sabemos. En varias ocasiones se nos dice que lleva varios años con una escultura, pero nosotros siempre la vemos en su fase final. Una pena haber errado también en esa parte.

Como parte positiva, de vez en cuando aparecerán en pantalla otros artistas de su época, como Monet, Rilke, Cézanne o Mirbeau, lo que hará mínimamente más interesante su visionado. Pero cada escena del filme recrea un instante aislado de la vida de Rodin y la película no es más que una superposición de escenas que acaban fundidas en negro, una detrás de otra, sin vida alguna.

rodin

Además del nulo ritmo, la película adolece de banda sonora o un vestuario notable. Y quizá lo más preocupante es que tampoco tiene una fotografía especialmente cuidada, y es que aunque la película está ambientada en el París de finales del siglo XIX Rodin está rodada casi en su totalidad en interiores (diversas casas y el taller donde trabaja todo el rato) y las únicas escenas al aire libre son todas en el campo.

La figura de Rodin como un hombre apasionado por el cuerpo humano, especialmente el de las mujeres, queda expuesta en esta película del director Jacques Doillon, acostumbrado a realizar películas para televisión, pero que en esta ocasión ha tenido la suerte de presentar su cinta en Cannes y no salir directamente en VOD. Para saber más de la obra del escultor resulta mucho más pedagógico consultar su página en la Wikipedia y, si visitáis París, no os olvidéis de ir al hermoso museo Rodin.

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