Resident Evil: Ultratumba (2010), la vuelta a la vida

 

Tras el paréntesis desértico de Extinction era hora de volver a los escenarios urbanos de las anteriores entregas. Y también supuso el retorno del principal responsable de la saga, Paul W.S. Anderson, que volvió a escribir y dirigir tras haber dejado la segunda y tercera parte en manos de otros directores. El principal motivo del regreso fueron las ganas de Anderson por meterle mano al tema del 3D que había puesto de moda un tal .

En la anterior película habíamos dejado a Alice estupefacta ante el ejercito de clones suyos que existía y aquí empezará a usarlos en la espectacular escena inicial. Para la ocasión se tomaron elementos narrativos de los juegos Resident Evil Code: Veronica  y Resident Evil 5  y se introdujo al personaje de Chris Redfield, protagonista de los juegos mencionados. Asimismo, cobra especial importancia el malvado Albert Wesker como mandamás de la Corporación Umbrella.

: Ultratumba supuso un descenso en la calidad de la saga si tenemos en cuenta que veníamos de la excelente Extinction aunque terminó siendo la más taquillera de todas. De todos modos seguimos teniendo unas cuantas buenas set pieces como la lucha con El Verdugo y todo el enfrentamiento final con Wesker. Parte de los problemas surgen del interés de Anderson por contar una historia cuando los que vemos estas películas lo que queremos es que todo fluya mediante la y que no nos entretengan con rollos macabeos. Además, el director se muestra poco original al beber demasiado de un referente visual tan manido como Matrix que en el año 2001 ya estaba pasado de moda por hartazgo.

La principal evolución en el personaje de Alice tiene dos vertientes: por un lado pierde sus superpoderes y por otro aparece morena cuando siempre había sido rubia. Lo primero se explica muy bien en la película, lo segundo es un misterio sin resolver en un mundo desolado donde Alice vaga sola la mayor parte del tiempo. Lo mismo encontró una peluquería abandonada y esa escena nos la escamotearon del montaje que hemos podido ver. Da igual, como decía ayer Milla está guapa con cualquier peinado y eso es lo que importa.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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