Recuerdos desde Fukushima, la última geisha puede ser alemana

 

Lo que antes era una rareza, rodar en pleno siglo XXI en blanco negro, ahora se ha convertido en una sana costumbre que muchos de nosotros agradecemos. En Recuerdos desde Fukushima La alemana Doris Dörrie se ha decidido por estos dos colores para contar la historia de una joven alemana con pasado turbio que decide embarcarse en toda una aventura en el Japón actual cuando trabaja para la organización Clown4Help que ayuda a los supervivientes del desastre nuclear de Fukushima que tuvo lugar en marzo del 2011. Marie en su huida y escapada de una boda frustrada dará con una curiosa mujer que mal vive en los refugios de emergencia y que le llevará hasta su hogar destruido. Desde ese momento compartirán momentos muy especiales en un lugar que todavía conserva zonas con radiactividad que pueden ocasionarles grandes problemas de salud.

Recuerdos desde Fukushima

Desde hace mucho tiempo son frecuentes los intercambios de sabiduría popular o de otra índole entre oriente y occidente y esta no iba a ser una excepción. Lo vimos en películas de culto adolescente como el Karate Kid de Ralph Macchio y Pat Morita y este mismo año un film como Your Name comparte ciertas ideas con esta Recuerdos desde Fukushima. En ambas un maestro o ¡cuidado spoiler! una joven del pasado enseña a un chico venido de lejos, país o capital como Tokio, las tradiciones más legendarias de su tierra. El señor Miyagi además de artes marciales obliga a aprender, casi sin querer, a Daniel unas valiosas lecciones de vida firmadas por un honor que traspasa fronteras. En Your Name, Taki no solo se enamora de Mitsuha sino también del pueblo donde ella vive, con sus historias y leyendas sobrenaturales o ceremonias antiguas que hace suyas después de conocerlas ¡preciosa y mágica la danza en el templo del pueblo ficticio Itomori! En esta ocasión la vitalista y moderna Marie al lado de Satomi no pule ni da cera pero ayuda en las tareas de la casa y reconstruye un hogar que conserva numerosos recuerdos y que necesita un lavado grande de cara. La última geisha de la zona toma a la indisciplinada alemana como alumna y le enseña a comportarse a lo oriental respetando la memoria de los muertos o realizando a la perfección la curiosa y milenaria ceremonia del té, influida por el budismo zen. Como en la famosa película japonesa de animación de Makoto Shinkai, los vivos y los muertos entrelazan sus vidas en el crepúsculo o noche, en un rincón del país que ha sido sacudido por una gran desgracia como un accidente nuclear o la caída del fragmento de un cometa.

Recuerdos desde Fukushima es un precioso canto a la tradición japonesa, una de esos largometrajes que invitan a seguir investigando sobre lo que allí sucedió, las causas y las consecuencias del desastre o la historia de sus moradores. Una serie de dramáticas y catastróficas desdichas que han dejado desperdigadas sus pertenencias y han destruido sus recuerdos pero no han borrado las sonrisas en sus rostros. Algo tan insignificante como un juego con una bolsa de plástico, el maullido de un gato o una luz de linterna atrapada se convierten en momentos mágicos que Marie se llevará hasta casa. Habrá superado el llanto y la tristeza de un pasado que ya no parece tan cruel a la vista del sufrimiento que han padecido los habitantes del campamento. En el fondo ya es otra persona, ha tenido que viajar hasta el infinito y más allá para conocerse a si misma y venerar aquello que antes era un secreto. Su vida ha cambiado a mejor. Se lleva en la mochila alegría a montones, una tonelada de recuerdos que no pesan y nuevos amigos que siempre estarán en su memoria con los que ha compartido experiencias muy enriquecedoras ¡tomar sake con un desconocido en silencio, regalar un presente a un espíritu, evitar un suicidio o montar en moto por descampados y terrenos devastados y contaminados!

Recuerdos desde Fukushima

Oriente y occidente, dos culturas diferentes se unen para conseguir un fin último. Marie y Satomi superan juntas la prueba de levantar esa casa familiar, vencen a sus respectivos fantasmas y siguen con sus vidas allí o en Europa ¡la prueba definitiva del cambio lo encontramos en la escena final con el hombre-gato! Espero que el ritmo pausado que siempre caracteriza al cine oriental no suponga un problema a la hora del visionado de Recuerdos desde Fukushima. Doris Dörrie lo imita a sabiendas homenajeando a una estética donde prima la belleza de las imágenes sobre la acción. El año se despide de una manera magnífica con este trabajo que no pasará desapercibido.

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